Ciudad de México,
Axel Olivares
Crédito foto: GoFundMe
La temporada de ciclones no comienza cuando el agua entra a una vivienda o cuando el viento rompe ventanas. Empieza antes, cuando una familia sabe a qué refugio acudir, qué documentos proteger y cómo actuar si las autoridades ordenan evacuar.
En México, la temporada de lluvias y ciclones tropicales comenzó oficialmente el 1 de junio y se extenderá hasta el 30 de noviembre. El Servicio Meteorológico Nacional mantiene monitoreo constante sobre las aguas marítimas, ante el riesgo de tormentas y huracanes en el Pacífico y el Atlántico.
Los pronósticos indican actividad relevante en ambos litorales. En el Pacífico podrían formarse hasta 10 tormentas tropicales, seis huracanes categoría 1 o 2 y cinco de categoría 3, 4 o 5. En el Atlántico se prevén hasta ocho tormentas tropicales, cinco huracanes categoría 1 o 2 y hasta dos de mayor intensidad.
Ante este panorama, la anticipación es la herramienta más eficaz para salvaguardar vidas y mitigar los daños materiales.
Protección Civil utiliza un Semáforo de Alerta por colores para ordenar la respuesta ciudadana. Cada fase marca acciones específicas, desde el mantenimiento doméstico hasta el resguardo total.
Estas medidas buscan reducir decisiones improvisadas cuando el fenómeno ya se encuentra cerca. En eventos extremos, unos minutos pueden definir la salida hacia una zona segura o el aislamiento de una comunidad.
La recuperación después de un ciclón requiere coordinación entre habitantes, autoridades y voluntarios. Las labores de rescate, saneamiento y seguridad suelen avanzar en condiciones complejas, especialmente cuando hay daños en caminos, viviendas, comercios y servicios básicos.
En 2025, el huracán Erick devastó la costa rural del sur de Guerrero y Oaxaca, con saldo de dos personas fallecidas. Ese mismo año, las lluvias en Veracruz, Puebla e Hidalgo provocaron la muerte de al menos 64 personas, de acuerdo con cifras del gobierno federal incluidas en el material disponible.
La experiencia reciente también incluye a Otis, que golpeó Guerrero dos años antes y pasó de tormenta tropical a huracán categoría 5 en menos de 24 horas. Kay y Roslyn afectaron en 2022 a comunidades de Baja California Sur y Nayarit, respectivamente.
La ayuda en campo resulta decisiva después de un ciclón, pero los daños suelen superar la capacidad inmediata de respuesta local. En ese punto, las plataformas de financiamiento colectivo, como GoFundMe, permiten reunir recursos con rapidez para atender necesidades urgentes y apoyar la recuperación de familias, brigadas y comunidades afectadas.
Según comentó la plataforma a NotiPress, estas herramientas funcionan como un puente entre quienes necesitan ayuda y quienes pueden aportar desde otros estados o países. Los fondos pueden destinarse a la compra de víveres, medicamentos, agua potable, artículos de limpieza, reparación de viviendas o apoyo directo a personas que perdieron herramientas de trabajo o su fuente de ingresos.
Abrir una colecta de emergencia requiere información clara, una meta realista y canales confiables para recibir donaciones. La transparencia es clave, porque permite explicar quién solicita el apoyo, a quién llegará el dinero y cómo se utilizarán los recursos reunidos.
Las campañas digitales han servido para canalizar apoyo después de desastres recientes en México. Tras el paso del huracán Erick, habitantes de Chacahua organizaron una colecta para recibir ayuda directa, reactivar servicios básicos y reparar techos dañados.
En Veracruz, después de las lluvias de octubre, vecinos, amistades y familiares abrieron colectas para comprar artículos básicos del hogar, suministros de limpieza y materiales para reconstrucción. Esas campañas reunieron 3.5 millones de pesos en conjunto.