Ciudad de Buenos Aires,
Martín Olivera
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Comprar una vivienda representa un desafío creciente para miles de familias argentinas, incluso entre aquellas que cuentan con ingresos superiores al promedio. Durante la última década, el país registró una disminución en la proporción de hogares propietarios, acompañada por un aumento de quienes viven de alquiler. Esta transformación resulta especialmente visible entre las generaciones jóvenes, que enfrentan mayores dificultades para reunir el dinero necesario y acceder al financiamiento hipotecario.
Durante la última década, el porcentaje de hogares argentinos con vivienda propia disminuyó del 72% al 68%, una caída de cuatro puntos porcentuales. En el mismo período, la proporción de inquilinos aumentó del 17% al 20%, según el Monitor de Asequibilidad de la Vivienda. El estudio fue elaborado por el Observatorio Federal de Acceso a la Vivienda de Argentina (OFAVA), utilizando información del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC).
Aunque la mayoría de los hogares argentinos continúa siendo propietaria, las cifras muestran diferencias importantes según la edad y la ubicación geográfica. Entre las personas de 25 a 34 años que encabezan un hogar, el 42% alquila su vivienda y solamente el 40% es propietario. En cambio, entre quienes tienen entre 45 y 65 años, la propiedad alcanza el 78%, mientras apenas el 14% vive de alquiler.
Una de las principales barreras para acceder a una propiedad es la disponibilidad de créditos hipotecarios y las condiciones necesarias para obtenerlos. Durante los primeros nueve meses de 2026 se otorgaron aproximadamente 20.900 préstamos hipotecarios, un 37% menos que durante el mismo período de 2025. Aunque las operaciones comenzaron a recuperarse en junio, el repunte todavía no logró compensar la caída acumulada durante los meses anteriores.
Conseguir financiamiento exige contar con ingresos suficientes, disponer de ahorros iniciales y cumplir los requisitos establecidos por las entidades bancarias. Estas condiciones pueden dificultar la compra incluso para familias cuyos ingresos mensuales les permiten afrontar regularmente el costo de un alquiler.
OFAVA
Los datos también muestran una diferencia llamativa entre los ingresos de propietarios e inquilinos, que contradice la idea de que alquilar implica necesariamente ganar menos. Los hogares que alquilan registran ingresos promedio de 1,3 millones de pesos argentinos por integrante, frente a los 983.000 pesos de quienes poseen vivienda propia. Esta diferencia del 34% se relaciona parcialmente con la composición familiar, porque los hogares inquilinos suelen tener menos integrantes y personas más jóvenes.
El crecimiento del alquiler también refleja diferencias territoriales, especialmente entre las grandes ciudades y las provincias donde predominan las viviendas heredadas. En la Ciudad de Buenos Aires, el 33% de los hogares alquila, mientras que en Formosa esa proporción alcanza solamente el 7%. Sin embargo, una elevada proporción de propietarios no garantiza mejores condiciones habitacionales, especialmente cuando existen viviendas precarias o dificultades para acreditar legalmente su propiedad.
Para los jóvenes, alquilar puede representar una alternativa para independizarse sin disponer del capital necesario para comprar una casa. No obstante, sostener esa independencia depende de los ingresos familiares, los costos habitacionales y las oportunidades disponibles en cada región.
El panorama muestra que acceder a una vivienda propia depende de factores que van más allá del ingreso mensual de las familias. Mientras el financiamiento hipotecario continúa limitado y concentrado territorialmente, el alquiler adquiere mayor importancia dentro de las opciones habitacionales de Argentina.