Ciudad de Buenos Aires,
Martín Olivera
Crédito foto: Casa Rosada
Un pequeño distintivo celeste y blanco vuelve a ocupar el centro de las celebraciones cívicas argentinas. Al cumplirse 214 años de su creación, la escarapela recuerda cómo una señal militar terminó convertida en emblema de identidad.
Cada 18 de mayo, el país conmemora el Día de la Escarapela, una fecha incorporada al calendario escolar y cívico. Su uso se extiende durante la Semana de Mayo, vinculada con el primer gobierno patrio formado en 1810.
Manuel Belgrano pidió el 13 de febrero de 1812 establecer una insignia común para las tropas revolucionarias. El Primer Triunvirato, gobierno ejecutivo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, aprobó el uso cinco días después.
La medida buscaba ordenar los distintivos militares usados en plena guerra contra las fuerzas realistas españolas. Hasta entonces, distintos cuerpos llevaban señales diferentes, una situación que podía generar confusión durante los enfrentamientos.
Belgrano propuso los colores blanco y azul celeste para identificar a los soldados de la causa revolucionaria. Ese antecedente también quedó ligado a la posterior creación de la bandera argentina, presentada ese mismo año.
Diversas versiones históricas explican el origen de esos colores, sin que exista una única interpretación aceptada por todos los historiadores. Algunas referencias los vinculan con la Casa de Borbón, mientras otras los relacionan con milicias criollas de Buenos Aires.
También existe una tradición escolar sobre cintas repartidas durante la Revolución de Mayo, ocurrida en 1810. Sin embargo, la documentación más firme ubica la creación oficial de la escarapela en el pedido realizado por Belgrano.
El Consejo Nacional de Educación fijó en 1935 el 18 de mayo como jornada dedicada a este emblema. Luego, la fecha quedó incorporada al calendario escolar argentino y ganó presencia en actos institucionales.
La costumbre más extendida indica que la escarapela se coloca del lado izquierdo del pecho. Esa ubicación se asocia con el corazón y con una expresión visible de pertenencia cívica.
No existe una ley nacional que obligue a llevarla en un punto exacto de la ropa. Aun así, escuelas, instituciones públicas y ceremonias oficiales mantienen ese uso como una práctica compartida.
El distintivo suele aparecer en actos del 18 de mayo y durante los días previos al 25 de mayo. También se utiliza el 20 de junio, Día de la Bandera, y el 9 de julio, Día de la Independencia.
Su importancia radica en haber pasado de una función militar concreta a un símbolo cotidiano de memoria histórica. En un país construido durante guerras, debates políticos y procesos independentistas, la insignia conserva una conexión directa con sus orígenes.
La escarapela puede encontrarse en cintas, moños, prendedores metálicos, tela, papel o materiales artesanales. Más allá del formato, mantiene los colores celeste y blanco que identifican a Argentina en sus principales fechas patrias.