
Foto: Martin Olivera (Composición/NotiPress)
El mayor mapa alimentario creado hasta ahora permite observar qué comen las poblaciones y cómo esas dietas cambian según país, edad, sexo e ingresos. La herramienta compara datos de 1990 a 2020 y ubica a Argentina con rasgos claros frente al promedio mundial.
La Base de Datos Global de Dietas para Evaluaciones de Impacto (Global Dietary Database for Impact Assessments, GDD-IA) está disponible para consulta interactiva. Sus resultados fueron publicados en Nature Food por Marco Springmann, investigador de University College London y del Environmental Change Institute de University of Oxford.
Cómo se construyó la base
Como punto de partida, el registro utiliza estadísticas de disponibilidad de alimentos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). También incorpora estimaciones de desperdicio, encuestas de consumo y datos antropométricos, como peso, altura y nivel de actividad física.
El método descuenta alimentos perdidos en mercados y hogares antes de estimar lo que realmente llega al plato. Luego ajusta el consumo por necesidades energéticas de cada grupo, según edad, sexo y actividad física.
Dicha corrección reduce distorsiones presentes en mediciones basadas solo en alimentos disponibles o encuestas aisladas. La GDD-IA cubre 43 grupos alimentarios y desagrega información por país, edad, sexo y residencia urbana o rural.
Ese detalle también incluye alimentos procesados y productos vinculados a agricultura de subsistencia, poco visibles en estadísticas tradicionales.
Qué revela el mapa sobre el mundo y Argentina
Para 2020, la dieta promedio mundial registró cerca de 7,5 a 8 porciones diarias de granos por persona. También registró entre 5,5 y 6 porciones de azúcar, además de menor presencia de vegetales, aceites, raíces y frutas.
Otros grupos, como lácteos, huevos, nueces y carnes rojas, se ubicaron entre 0,5 y 0,7 porciones diarias. Las diferencias entre países fueron marcadas por ingreso, edad, sexo y lugar de residencia.
Los países de mayores ingresos consumieron 10% más energía diaria que el promedio global. Las regiones de bajos ingresos registraron 7% menos calorías, pero más raíces y legumbres que la media mundial.
El estudio también muestra cambios recientes en la dieta global entre 2010 y 2020. En ese período, aumentaron 28% las nueces y semillas, mientras pollo y huevos crecieron 16%.
Frutas y pescado subieron 11%, con avances más fuertes en vegetales y frutas dentro de países de menores ingresos. Argentina aparece con mayor consumo diario de trigo, lácteos, azúcar, carne vacuna y pollo frente a los promedios globales.
En 2020, el trigo llegó a 206,5 gramos por persona, casi el doble de los 116 gramos mundiales. La leche y sus equivalentes alcanzaron 359,8 gramos diarios, frente a 171 gramos del promedio global.
La carne vacuna registró 90 gramos diarios, por encima de los 16,8 gramos calculados para el mundo. El pollo llegó a 78,8 gramos, frente a 27,9 gramos en el promedio mundial.
El contraste aparece en alimentos de fuerte presencia en otras dietas nacionales. Argentina consumió 27,6 gramos diarios de arroz y 6,5 de maíz, por debajo de 179,9 y 32,5 gramos globales.
La serie histórica señala una caída de la carne vacuna desde 125,3 gramos diarios en 1990. En cambio, el pollo subió desde 21,1 gramos hasta 78,8 gramos diarios en 2020.
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