El uso intensivo de redes sociales estaría reemplazando la interacción cara a cara por vínculos digitales, según una advertencia de Salvador Echeagaray
El uso intensivo de redes sociales, lejos de conectarnos para formar una aldea global como alguna vez se prometió, estaría reemplazando la interacción humana directa al máximo por vínculos digitales mediados por pantallas. Así lo advirtió Salvador Echeagaray, director del departamento de filosofía de la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG), en un comunicado compartido a NotiPress, donde alertó sobre los efectos sociales de esta tendencia.
Desde Guadalajara, el académico afirmó que esta dinámica genera una forma de exclusión comparable con el impacto social de sustancias adictivas en algunas ciudades de Estados Unidos como el fentanilo. "Hay una sociedad de zombies, de muertos vivientes en varias ciudades de los Estados Unidos y tiende a multiplicarse", escribió. Según el catedrático, "en otro plano hay una adicción a las redes sociales" que aleja a las personas de las relaciones reales.
Plataformas como Facebook, Instagram, WhatsApp y TikTok, si bien permiten reconectar con familiares o conocidos lejanos, también promueven vínculos desarrollados con el dispositivos electrónicos en sí. "Muchas veces las redes sociales suplen a la interacción personal, dándose una relación ya no interpersonal (entre personas) sino, de dos o más sujetos detrás de una máquina", afirmó.
El desarrollo de las redes sociales sumado al uso de inteligencia artificial para crear contenido no ha hecho más que acentuar este problema. De acuerdo con el tecnólogo Santiago Bilinkis, actualmente solo el 5% de lo que vemos en las plataformas son fotos, videos o textos de amigos o familiares. El 95% es contenido de desconocidos. TikTok empezó con esta tendencia para luego expandirse al resto de las redes. Con la llegada de la IA, el contenido no sólo se multiplicó sino que además plantó una difícil realidad para digerir y es que, en gran parte de ese contenido consumido, ni siquiera hay un ser humano detrás.
Asimismo, la producción en masa de contenido efímero dinamitó la llamada "economía de la atención" en la que retener a un usuario se vuelve cada vez más complicado a causa de una atención más difusa. Como consecuencia, el "doomscrolling" genera hábitos adictivos que logra relegar a los vínculos humanos, incluso los más cercanos.
En ese contexto, Echeagaray subrayó que, a pesar de la sensación de conexión con personas muy lejanas (reales o no), este tipo de vínculos no reemplaza la experiencia del contacto físico, incluso si se cuenta con alta tecnología. "No se mira al otro a los ojos, se ve la pequeña lente del aparato de enfrente. Aunque se viera la imagen en alta definición o 4k u 8K, no es lo mismo que estar frente al alter (el otro)".
A diferencia de los medios del pasado, como el teléfono o el telégrafo, que cumplían funciones temporales de contacto, Echeagaray señaló que el entorno digital actual intenta sustituir la presencia física, hasta en momentos en los cuales las personas se encuentran juntas. En su opinión, el uso del "teléfono inteligente" en reuniones o celebraciones sociales interrumpe la atención sobre lo realmente significativo, lo que termina degradando la oportunidad de vincularse presencialmente con alguien. En ese contexto se revela lo más oculto de la dependencia tecnológica.
El filósofo llamó a recuperar las acciones sencillas que fortalecen los vínculos presenciales y alertó sobre los riesgos de normalizar esta sustitución del contacto físico. "No dejemos que el fentanilo social, acabe con nuestra relación con otros", concluyó.