Entre águilas y dragones urge el poder latinoamericano

Latinoamérica debe asumir el poder para evitar la dependencia de potencias

Geopolítica en Latam se debate entre la influencia de potencias como EEUU y China, ¿cómo lograr autonomía regional y fortalecer el poder económico tecnológico?

Los recientes acontecimientos en Venezuela, sumados a las directrices de seguridad nacional emitidas por la administración Trump, confirman una tendencia ineludible: la pugna de las grandes potencias por la influencia en América Latina será un factor determinante en la geopolítica de los próximos años.

La creciente presencia y el éxito de China en la región —y el mundo— es quizás el ejemplo más palpable. Su tecnología e inversiones han permeado no solo los niveles gubernamental y empresarial, sino también la vida cotidiana de los consumidores. Este interés global por Latinoamérica es cada vez más evidente.

Frente a este escenario, surgen preguntas urgentes: ¿Cuáles son los intereses propios de Latinoamérica? ¿Tenemos la capacidad real de defenderlos y alcanzarlos?

Históricamente, la región ha estado paralizada por una falta crónica de visión estratégica y coordinación. Con frecuencia, los discursos contra el "imperialismo" —en cualquiera de sus formas: águilas o dragones— han opacado la construcción de un proyecto común que aspire a convertir a Latinoamérica en una región verdaderamente poderosa y autónoma y nos han impedido observar y adoptar las políticas que han hecho que tanto águilas como dragones lleguen a ser lo que son hoy, económicamente hablando.

Incluso parece existir un tabú alrededor de la idea de poder. Se lo asocia exclusivamente a conquistadores e imperialistas; a los malos. Aquí pregunto: ¿Cómo superaremos la medianía —por no decir mediocridad— en la que hemos estado estancados desde hace décadas si no es aspirando a ser una región con poder real?

El caso de Venezuela es una lección cruda: hoy solo se es dueño legítimo de aquello que se es capaz de defender. Cabe mencionar que hablar de poder no significa, necesariamente, militarización (una opción que, estoy seguro, no deseamos). El poder adopta múltiples formas, siendo el económico una de las más decisivas. Una nación cuyas decisiones políticas dependen de la condicionalidad económica de un actor externo está, en los hechos, subyugada. Se vuelve incapaz de defender sus intereses y, lo que es peor, de siquiera articularlos con claridad.

Aquí es donde la tecnología se presenta como una oportunidad histórica. Puede ser el punto de partida para construir una Latinoamérica más fuerte e innovadora. Recuerdo en este momento una reflexión de Margaret Thatcher que, más allá de las ideologías de cada uno, es innegable su figura de poder a finales del siglo pasado: "Los países no son ricos por sus recursos naturales; si así fuera, Rusia sería la nación más próspera… Los países ricos son aquellos cuyos gobiernos promueven la creatividad esencial de su gente".

Una parte fundamental del desarrollo tecnológico no depende de los recursos naturales —aunque estos ayuden—, sino de la capacidad creativa, los incentivos económicos y el ecosistema de innovación que una nación sea capaz de cultivar entre su población y sus empresas.

Creo que es hora de dejar atrás discursos estériles. Es el momento de construir, con pragmatismo y ambición, una Latinoamérica poderosa. De lo contrario, el relato de la victimización y la falta de autonomía que hoy están tan presentes se repetirá en el próximo siglo, pero agravado por los hechos que hoy presenciamos.

No tengamos miedo al poder. Mejor, busquemos cómo hacerlo nuestro.