TP-Link anticipa las cuatro principales tendencias en 2026 en materia de infraestructura digital que le permitirán a las empresas aumentar su nivel de competitividad
Omada by TP-Link, compañía especializada en soluciones de redes empresariales, identificó cinco transformaciones estructurales que marcarán el rumbo de la conectividad corporativa en 2026. Estas tendencias, explicó la empresa a NotiPress, reflejan un cambio en la forma en que las organizaciones diseñan y gestionan su infraestructura digital, ahora vista como un componente estratégico para el crecimiento y la competitividad.
De acuerdo con Marco Antonio González, Business Development Manager de TP-Link México, "las organizaciones ya no piensan en su red para resolver una necesidad puntual, la están construyendo para sostener su crecimiento durante los próximos años".
Entre los cambios más relevantes, Omada destacó la transición desde despliegues fragmentados hacia arquitecturas unificadas. En años anteriores, muchas redes crecieron con base en proyectos aislados, lo que generó complejidad operativa y mayores costos. Actualmente, las empresas adoptan infraestructuras diseñadas desde su origen para escalar y adaptarse sin rediseños constantes. En este modelo, la gestión centralizada ya no es un diferenciador, sino un estándar para mantener visibilidad, control y eficiencia.
Otro cambio clave es el rol estructural que comienza a asumir la fibra óptica. Más allá de su velocidad, se posiciona como base permanente de conectividad al simplificar despliegues, reducir puntos de falla y preparar la red para soportar futuras tecnologías inalámbricas y aplicaciones intensivas en datos.
La compañía señaló que la fibra "se convierte en una decisión estratégica para empresas que buscan eficiencia, escalabilidad y una infraestructura a prueba de futuro", aplicable tanto en entornos corporativos tradicionales como en sectores de hospitalidad, educación y espacios públicos.
En tercer lugar, las empresas están migrando de una lógica reactiva a una anticipada. A diferencia de ciclos anteriores, donde se actualizaban redes solo tras detectar limitaciones, ahora las organizaciones diseñan arquitecturas preparadas para más dispositivos, mayor tráfico y nuevas aplicaciones antes de su implementación completa. Este cambio refleja un enfoque de inversión a largo plazo alineado con los objetivos de transformación digital.
El cuarto aspecto señalado por Omada es la evolución del rol del integrador. Ya no se limita a instalar equipos, sino que participa como socio estratégico capaz de operar, administrar y evolucionar redes en función de las necesidades cambiantes de cada organización. Modelos como servicios administrados, esquemas de arrendamiento y contratos de largo plazo comienzan a consolidarse.
Finalmente, Omada concluye que la red deja de ser un componente de soporte para convertirse en un habilitador directo del negocio. Factores como eventos masivos, trabajo híbrido, digitalización de procesos y consumo creciente de video colocan a la conectividad como eje central en la experiencia del usuario, la productividad y la continuidad operativa.