Una caminata rápida diaria de cinco minutos podría reducir hasta 10% las muertes prematuras, indica un metaanálisis internacional publicado en The Lancet
Un metaanálisis internacional concluyó que incorporar solo cinco minutos diarios de actividad física moderada a vigorosa podría reducir significativamente el riesgo de muerte prematura. Según el estudio, si 20% de personas sedentarias o con problemas de salud añadieran este nivel mínimo de ejercicio a rutina, se podrían prevenir hasta 6% de los fallecimientos tempranos. En la población general, el efecto potencial alcanzaría un 10% de reducción.
La investigación fue liderada por científicos de la Escuela Noruega de Ciencias del Deporte y publicada en la revista The Lancet. El análisis también destaca que reducir el tiempo de sedentarismo en 30 minutos diarios permitiría evitar entre un 3 y un 7% de las muertes prematuras. Estos beneficios son más notorios entre personas físicamente inactivas, quienes podrían reducir su riesgo hasta en un 30% al realizar entre uno y seis minutos diarios de ejercicio.
Para el estudio, los investigadores analizaron datos de más de 135 mil adultos provenientes de Noruega, Suecia, Estados Unidos y Reino Unido. Utilizaron acelerómetros para medir objetivamente la actividad física durante un periodo promedio de ocho años. Esta metodología permitió eliminar el sesgo de los autoinformes, frecuente en estudios previos basados en cuestionarios.
"Se trata de un metaanálisis con datos individuales de varias cohortes prospectivas, en el que la actividad física y el sedentarismo se miden de forma objetiva mediante dispositivos de acelerometría", explicó Helios Pareja Galeano, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid, en declaraciones a SMC España. "Esto permite modelar con mayor precisión la relación dosis–respuesta", añadió.
La publicación también advierte que se trata de un estudio observacional, lo cual limita la posibilidad de establecer relaciones causales definitivas. Además, los participantes pertenecen exclusivamente a países desarrollados, lo que puede restringir la aplicabilidad de los resultados en contextos con menor nivel socioeconómico.
En este sentido, Luis Cereijo, investigador en Epidemiología y Salud Pública de la Universidad de Alcalá, comentó: "Una de las principales limitaciones radica en el momento de medición de la actividad física. Esta solo se registró al inicio del seguimiento, lo que impide considerar posibles cambios en los hábitos de los participantes a lo largo del tiempo".
A pesar de limitaciones, los especialistas coinciden en que el estudio ofrece evidencia sólida sobre beneficios de modificaciones realistas y sostenibles en el comportamiento diario, y su impacto en reducción de mortalidad. También destacan la utilidad de estos hallazgos para diseñar políticas públicas enfocadas en la prevención, con menor dependencia de soluciones farmacológicas.
"Estos resultados refuerzan la necesidad de situar en el centro de las políticas públicas acciones que promuevan el acceso equitativo a la actividad física, especialmente entre las personas con menor nivel socioeconómico, cuyo riesgo de mortalidad suele ser mayor", concluyó Cereijo.