La acalasia suele diagnosticarse tarde y puede causar complicaciones graves. Un caso reciente en una paciente joven expone riesgos, síntomas y costos médicos
La acalasia es una enfermedad poco común del esófago que suele diagnosticarse de manera tardía, lo que incrementa el riesgo de complicaciones graves, incluso en pacientes jóvenes. Se trata de un trastorno de la deglución que dificulta el paso de alimentos y líquidos hacia el estómago, favoreciendo su acumulación en el esófago y generando deterioro progresivo de la salud cuando no se atiende oportunamente.
De acuerdo con información de Mayo Clinic, la acalasia ocurre cuando se dañan los nervios del esófago y los músculos pierden la capacidad de empujar los alimentos hacia el estómago. Como consecuencia, la comida puede acumularse, fermentar y regresar a la boca con un sabor amargo. Aunque es una afección rara, suele confundirse con la enfermedad por reflujo gastroesofágico, ya que comparten síntomas iniciales, lo que retrasa el diagnóstico correcto.
Los síntomas de la acalasia aparecen de forma progresiva y empeoran con el tiempo. Entre los más frecuentes se encuentran la disfagia, la regurgitación de alimentos o saliva, acidez estomacal, dolor intermitente en el pecho, tos nocturna, vómitos, pérdida de peso y neumonía por aspiración. Mayo Clinic señala que la enfermedad no tiene cura y que, una vez dañado el esófago, los músculos no recuperan su función normal, aunque los síntomas pueden tratarse mediante endoscopia, procedimientos de mínima invasión o cirugía.
El diagnóstico tardío representa uno de los principales riesgos clínicos. La atención especializada advierte que la acalasia no tratada puede evolucionar a etapas avanzadas que requieran procedimientos complejos, incluida la extirpación del esófago. La dificultad para diferenciarla del reflujo gastroesofágico y el desconocimiento de la enfermedad contribuyen a que muchos pacientes pasen meses o años sin un diagnóstico preciso.
Un caso reciente compartido con NotiPress ilustra el impacto de esta situación en pacientes jóvenes. Mari José, de 20 años, fue diagnosticada con acalasia de segundo grado tras un periodo prolongado sin poder alimentarse adecuadamente. Posteriormente, fue sometida a una cirugía esofágica, tras la cual presentó una perforación que derivó en peritonitis, una infección grave que comprometió su estado general y requirió atención en cuidados intensivos.
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La falta de nutrición previa complicó su evolución clínica y retrasó la detección de la infección. Sobre este proceso, Andrea Barreto, familiar de la paciente, explicó: "Un infectólogo la revisó y nos comentó que su estado era delicado, que ha sido fuerte y peleó contra la enfermedad para evitar la fiebre, pero estos meses que pasó sin una alimentación adecuada la hicieron perder mucho peso, por lo que no se le puedan administrar medicamentos tan fuertes".
Especialistas de Mayo Clinic subrayan que los tratamientos para la acalasia, como la dilatación neumática, la miotomía quirúrgica y la miotomía endoscópica por vía oral, deben realizarse en centros de alta especialidad con experiencia en este tipo de procedimientos. La institución señala que la evaluación mediante manometría esofágica de alta resolución permite determinar la gravedad de la enfermedad y orientar las decisiones terapéuticas.
En contextos donde el acceso a atención especializada es limitado, las complicaciones derivadas del diagnóstico tardío también implican altos costos médicos. En el caso de Mari José, la familia ha recurrido a una colecta en la plataforma GoFundMe para hacer frente a los gastos hospitalarios asociados a cirugías, cuidados intensivos y tratamientos prolongados, una situación que refleja la carga económica que puede generar esta enfermedad poco frecuente.
La acalasia afecta con mayor frecuencia a personas entre 25 y 60 años, aunque puede presentarse a cualquier edad. La experiencia clínica y los casos documentados muestran que la identificación temprana de los síntomas y la referencia oportuna a centros especializados son factores clave para reducir riesgos, evitar complicaciones graves y mejorar la calidad de vida de los pacientes.