¿Por qué la gente de CDMX dejó de creer en el reciclaje?

El mayor obstáculo del reciclaje en la CDMX no es la basura, es la desconfianza

En Ciudad de México se generan más de 12 mil toneladas de residuos al día; la desconfianza ciudadana frena el reciclaje y complica la recuperación de materiales

Separar la basura en casa puede parecer, para muchos habitantes de la Ciudad de México, un esfuerzo que no rinde frutos. La escena se repite: bolsas divididas por tipo de residuo que, al llegar el camión recolector, aparentan volver a mezclarse. Esa percepción se ha convertido en uno de los principales obstáculos para el reciclaje urbano, incluso por encima de la infraestructura disponible.

La dimensión del problema es significativa. Según el Inventario de Residuos Sólidos 2023 de la Secretaría de Medio Ambiente capitalina, cada día se generan 12 mil 454 toneladas de residuos en la ciudad. Frente a esa cifra, la participación ciudadana no es un gesto simbólico, sino un componente central del sistema.

Para Martha Melesio, fundadora de la empresa social R3VIRA, el mayor desafío no es técnico, sino social. En entrevista con NotiPress, Melesio aseguró que el obstáculo principal es la desconfianza. Muchos ciudadanos dudan de que los materiales separados en casa lleguen efectivamente a procesos de reciclaje. Esta percepción, más allá de la falta de tecnología, frena la disposición a participar.

Parte de esa desconfianza surge de experiencias cotidianas. Aunque el sistema de recolección prioriza rapidez para cubrir amplias zonas y puede realizar la separación en puntos posteriores, lo que el ciudadano observa en la calle suele pesar más que la explicación técnica. Si el esfuerzo doméstico parece diluirse, la motivación disminuye.

A ello se suma el desconocimiento, pues no siempre está claro qué materiales se reciclan, dónde deben depositarse ni cuál es su destino final. La consecuencia es un círculo complejo: cuando no se separa adecuadamente, los residuos llegan contaminados o mezclados, lo que encarece y dificulta su recuperación.

El caso del poliestireno expandido, popularmente conocido como unicel, ilustra esta dinámica. Aunque es técnicamente reciclable, su tasa de recuperación es baja y depende en gran medida de que los residuos se separen correctamente desde el origen. Para facilitar el reciclaje del unicel, a partir de 2026, un modelo comunitario de micro-rutas ampliará su cobertura en toda la capital como resultado de una colaboración estratégica entre la Polystyrene Recycling Alliance (PSRA) y la organización R3VIRA.

La gestión de residuos, además, funciona como una cadena de responsabilidades compartidas, advierte Melesio. Hogares, empresas y autoridades forman parte del mismo engranaje y cuando alguno de los eslabones falla, el sistema completo se resiente.

Asimismo, la confianza es un factor decisivo, menciona la fundadora de R3VIRA, empresa social dedicada al reciclaje inclusivo. Cuando los ciudadanos observan resultados concretos, como rutas de acopio visibles o productos elaborados con material recuperado, la disposición a participar aumenta.

En una ciudad que genera miles de toneladas de residuos cada día y enfrenta límites para ampliar su infraestructura de disposición final, fortalecer la confianza y la información puede marcar la diferencia. Más allá de contenedores y plantas, el avance del reciclaje en la capital depende de que el esfuerzo individual vuelva a percibirse como parte de una solución colectiva.