El cierre parcial en EEUU provoca demoras y ausentismo en la TSA, mientras se evalúa usar agentes de inmigración para reforzar seguridad aeroportuaria
La crisis en los aeropuertos de Estados Unidos se intensificó ante el cierre parcial del Gobierno, que dejó sin pago a miles de agentes de seguridad y generó retrasos, cancelaciones y largas filas en terminales clave. La falta de personal de la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA) elevó los tiempos de espera y obligó a evaluar medidas extraordinarias para mantener las operaciones.
Desde el 14 de febrero, la parálisis presupuestaria afecta al Departamento de Seguridad Interior, con impacto directo en aeropuertos como Atlanta, Houston y Nueva York. El personal de la TSA continúa en funciones esenciales sin recibir salario desde el 13 de marzo, lo que incrementó el ausentismo y la presión operativa en los controles de seguridad.
El presidente Donald Trump planteó la posibilidad de desplegar agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) para reforzar la vigilancia aeroportuaria. En un mensaje difundido en Truth Social, afirmó: "Si los demócratas de izquierda radical no firman de inmediato un acuerdo para que nuestro país, y en particular nuestros aeropuertos, vuelvan a ser LIBRES y SEGUROS, desplazaré a nuestros brillantes y patriotas agentes del ICE a los aeropuertos, donde llevarán a cabo tareas de seguridad como nunca antes se ha visto…".
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Las consecuencias operativas ya son visibles en varias terminales. En Atlanta y Houston, los tiempos de espera superaron las dos horas, mientras el ausentismo alcanzó niveles superiores al 21% en aeropuertos como el JFK de Nueva York, Atlanta y Houston Hobby. Datos oficiales indican que al menos 366 agentes dejaron sus puestos durante el primer mes sin ingresos.
Durante la jornada más reciente se registraron 1.284 vuelos demorados y 425 cancelados en todo el país. La situación financiera llevó a empleados a buscar alternativas laborales o asumir deudas para cubrir gastos básicos como vivienda, combustible y alimentos.
El cierre también impacta a cerca de 65.000 trabajadores de la TSA, con salarios anuales promedio entre 50.000 y 60.000 dólares. El presupuesto destinado a este personal oscila entre 2.500 y 3.500 millones de dólares al año, lo que dimensiona el alcance del problema en términos laborales y operativos.
Algunas terminales mantienen operaciones estables mediante esquemas privados. Aeropuertos como San Francisco y Kansas City continúan funcionando sin interrupciones al contar con empresas de seguridad que siguen pagando a sus empleados, lo que evita el aumento de filas y retrasos.
En paralelo, el empresario Elon Musk ofreció cubrir los salarios del personal de la TSA mientras persista el estancamiento presupuestario. La propuesta busca sostener la operación de los controles de seguridad, aunque no ha recibido una respuesta oficial hasta el momento.
Expertos del sector señalan que los modelos de seguridad privada y federal cuentan con niveles similares de entrenamiento, pero advierten que cualquier cambio estructural requiere procesos de aprobación que pueden extenderse hasta un año. El sindicato federal, por su parte, indicó que una eventual privatización podría generar rotación de personal y ajustes laborales.
La combinación de ausentismo, presión financiera y retrasos en vuelos mantiene tensionado el sistema aeroportuario en Estados Unidos, mientras continúan las negociaciones para restablecer el financiamiento federal y normalizar las operaciones.