Debilidad en desalinización y dependencia de acuíferos visibiliza la debilidad de Irán ante una crisis de agua, factor que condiciona su capacidad en conflicto regional
La fragilidad de la infraestructura hídrica en Irán limita su margen de escalada militar en el actual contexto regional, debido a su alta dependencia de fuentes de agua sobreexplotadas y limitada capacidad de desalinización. Este factor introduce un riesgo interno que podría intensificarse ante un conflicto prolongado, según el pronóstico israelí.
Irán ajustó el 23 de marzo de 2026 su postura sobre posibles ataques contra plantas desalinizadoras en la región, en medio de tensiones con Israel y Estados Unidos. Medios estatales difundieron un comunicado donde la Guardia Revolucionaria negó intenciones de afectar estas instalaciones críticas.
El texto oficial señaló: "El mentiroso... Presidente de Estados Unidos ha afirmado que la Guardia Revolucionaria pretende atacar las plantas desalinizadoras de agua y causar penurias a la población de los países de la región". Esta declaración ocurre tras advertencias previas vinculadas a infraestructura energética y militar.
A nivel regional, los países del Golfo mantienen una estrategia sostenida de expansión en desalinización, considerada esencial para garantizar el suministro de agua potable. Según datos de GWI DesalData indican que la región tiene previsto añadir más de 10 millones de metros cúbicos diarios hacia 2035, con inversiones superiores a 21 mil millones de dólares.
De acuerdo con Hugo Birch, editor de desalinización y reutilización de agua de la plataforma Global Water Intelligence: "Incluso en períodos de inestabilidad geopolítica, la necesidad subyacente de agua adicional sigue siendo fundamental". Asimismo, explicó que la desalinización se mantiene como prioridad estratégica para los gobiernos de Medio Oriente, con visión a largo plazo.
En contraste, el periódico Jerusalem Post informó que Irán opera cerca de 1.7 millones de m³/d de capacidad de desalinización, cifra inferior frente a sus vecinos regionales. Su sistema hídrico depende principalmente de aguas subterráneas y superficiales, muchas de ellas bajo presión por sobreexplotación sostenida durante décadas.
Por su parte, la falta de inversión acumulada en infraestructura hídrica coloca al país en una posición vulnerable frente a escenarios de conflicto prolongado. De acuerdo con la plataforma GWI, esta condición podría derivar en una crisis total de agua si las tensiones escalan y afectan sistemas críticos de abastecimiento.
Esta limitación estructural coloca a Irán en desventaja frente a países del Golfo, donde la desalinización forma parte de la seguridad nacional, lo que reduce su margen de acción en un escenario de escalada prolongada. Al menos, esto es lo que puede leerse entre líneas del comunicado de la Guardia Revolucionaria.