Díaz-Canel descarta dimitir y Cuba endurece su defensa de soberanía ante EEUU

Durante una entrevista con NBC News, el jefe de Estado sostuvo que solo el pueblo cubano puede decidir sobre su permanencia

Mientras crece la presión de Washington, Cuba lleva su disputa política y energética con Estados Unidos a una nueva fase de atención global

Cuba volvió al centro del tablero internacional después de que Miguel Díaz-Canel descartó dejar la presidencia ante la presión de Estados Unidos. La definición elevó el interés sobre una relación bilateral marcada por sanciones, contactos reservados y una crisis energética que sigue condicionando la vida cotidiana en la isla.

En la entrevista emitida por NBC News, Kristen Welker preguntó al mandatario si aceptaría renunciar para salvar a Cuba. "Renunciar no forma parte de nuestro vocabulario", respondió Díaz-Canel, antes de insistir en que la continuidad del cargo depende de los cubanos.

Además, Díaz-Canel rechazó que Estados Unidos pueda imponer condiciones sobre el liderazgo político cubano desde fuera de la isla. Asimismo, defendió la soberanía nacional y sostuvo que solo el pueblo cubano puede decidir "si yo debo seguir en la dirección".

La postura llega en un momento especialmente sensible para la relación entre ambos gobiernos, que reconocen contactos recientes sin divulgar detalles. Cuba confirmó en marzo que tuvo conversaciones con Estados Unidos mientras afronta apagones, escasez de combustible y una presión creciente sobre servicios básicos.

Esa combinación de tensión diplomática y emergencia energética explica por qué la entrevista tuvo un eco que superó el marco doméstico cubano. La declaración de Díaz-Canel no solo respondió a Washington, también reabrió el debate sobre hasta dónde puede llegar la confrontación bilateral.

Paralelamente, La Habana mantiene abierta la posibilidad de discutir cualquier asunto con Estados Unidos, siempre que no existan condiciones previas. Díaz-Canel afirmó además que Washington "no tiene moral para exigir nada a Cuba", dentro de una línea en donde combina disposición al diálogo y rechazo a presiones externas.

El trasfondo material de esa disputa sigue siendo decisivo para entender la magnitud del mensaje emitido por el mandatario cubano. Cuba produce apenas alrededor del 40% del combustible que necesita y depende de importaciones para sostener su red eléctrica.

La llegada de un petrolero ruso en las ultimas semanas alivió parcialmente la escasez, aunque sin resolver el problema estructural del suministro. Aun con ese envío, reportes recientes coinciden en que los cortes de energía, el transporte limitado y las afectaciones sanitarias siguen presentes.

El caso entre ambos países también creció después de que legisladores estadounidenses visitaron La Habana y cuestionaron el impacto humanitario del bloqueo energético. Ese movimiento añadió otra capa al conflicto, porque mostró desacuerdos dentro de Estados Unidos sobre la utilidad y los costos de esa política.