Manifiesto de Palantir visibiliza una estrategia que podría ser vinculada a la tecnología y el poder militar en un contexto mayor influencia global de Silicon Valley
¿Se necesita ser despiadado para conquistar el mundo?
Genghis Khan, el conquistador más grande que la historia haya conocido, inició su vida como un esclavo bajo el nombre de Temujin. Cuenta la leyenda que, al nacer, tenía agarrado en el puño un coágulo de sangre que se negaba a soltar. A través de pura destreza, fuerza de voluntad e inteligencia, subyugó a China, Persia, Asia Central y el Este de Europa. Ni Alejandro Magno —hijo de Filipo II y discípulo de Aristóteles— ni Roma en 400 años lograron lo que un esclavo nómada en alrededor de 30: el imperio contiguo más grande de la humanidad.
Para Genghis Khan, no existía tal cosa como la victoria a medias y, como el magnífico libro Genghis Khan and the Making of the Modern World, de Jack Weatherford, lo indica, "el honor no estaba en la lucha, sino en la victoria".
En el mundo occidental, generalmente vemos a Genghis Khan como uno de los líderes más despiadados que han existido: un asesino brutal, falto de toda moral, destructor de civilizaciones. Se nos olvida —o quizá simplemente nunca lo supimos— que el Imperio Mongol fue uno de los primeros en la historia en garantizar libertad religiosa a lo largo y ancho de su territorio (cristianos, musulmanes, budistas y más vivían bajo el mando del gran Khan), que fue revolucionario en materia postal y que destruyó el sistema de castas. Genghis Khan, habiendo sido esclavo, estaba convencido de que las castas por linaje eran un terrible error, y que era la habilidad y la destreza lo que debería determinar el rango de sus generales. Todas estas cosas, incluso hoy en día, parecen utopías en muchas de las naciones llamadas "modernas".
Esto, por supuesto, no quita que, al leer su historia, uno pueda observar claramente cómo todas las enseñanzas de El Príncipe, de Maquiavelo, son ejecutadas a la perfección por alguien que, reitero, ni siquiera sabía leer cuando inició sus conquistas.
La fascinación por los grandes conquistadores de la historia es algo que la humanidad siempre ha experimentado y, en gran medida, la línea entre la fascinación y la repugnancia radica en quién cuenta la historia y qué tan cercanos estamos a ella. Nos resulta más fácil sentir fascinación por un conquistador de hace mil años que por uno de hace cien, puesto que el sufrimiento causado por las conquistas nos resulta más inmediato mientras más recientes son.
Hoy, en un mundo completamente distinto al que Genghis Khan conoció, estas conquistas ocurren no únicamente a nivel territorial, sino también a nivel económico y tecnológico. Las grandes corporaciones del mundo tienen, en muchos casos, un peso mayor que el de algunas naciones, y actúan como conquistadores despiadados.
El más reciente manifiesto de Palantir —que ocasionó una ola de críticas en todos los medios de comunicación y redes sociales— es muestra precisamente de esa nueva dinámica de poder, y de la transparencia total con que una visión del mundo dominada por una élite tecnológica se está implantando en el planeta.
Para quien no lo ha leído, un poco de contexto. Palantir es una de las empresas de tecnología más poderosas del mundo, titular de los más exclusivos contratos con la Agencia Central de Inteligencia (CIA), el Pentágono y muchas otras entidades de características similares. Recientemente, publicó un manifiesto en X en el que se detallan algunas de sus posturas filosóficas: un rechazo explícito a la inclusión (con referencias a "culturas nacionales en nombre de la inclusión"), una defensa de los valores occidentales y, quizá más preocupante, una propuesta —entre líneas, pero claramente visible— de fusionar sin fronteras el poder tecnológico de Silicon Valley con el poder militar de Occidente. El manifiesto va incluso más allá, proclamando el fin del poder nuclear como disuasorio y otorgándole ese papel a la inteligencia artificial.
Aquí podríamos tomar una de dos líneas de discusión: juzgar la moralidad del manifiesto o analizar el valor táctico de la propuesta para alcanzar una victoria.
En cuanto a la postura moral, estoy demasiado cercano a la historia y, por ende, la repugnancia supera con creces la fascinación que haría irrelevantes los juicios morales. Aclaro, a riesgo de ser criticado, que hay puntos en el manifiesto de Palantir que no me parecen del todo equivocados. Por ejemplo, en su punto 21 señala: "All cultures are now equal. Criticism and value judgments are forbidden" lo cual me parece una observación atinada; hoy, cualquier crítica, por razonable que sea, puede ser catalogada como discurso de odio, y eso erosiona la base misma de la libertad de expresión-. Sin embargo, la propuesta general de construir una sociedad liderada por la élite tecnológica y militar me resulta profundamente perturbadora.
Haría falta un ensayo entero para analizar la viabilidad táctica de la propuesta y su eventual victoria o derrota estratégica. No obstante, quisiera dejar una reflexión final: no debemos permitir que la repugnancia que podamos sentir nuble la visión sobre lo que en efecto puede llegar a ocurrir y las consecuencias que tendría para nuestro mundo. Su victoria es clara y fácil de visualizar, y no dudarán en aplicar todos los medios posibles para alcanzarla. Aunque me atrevería a decir que ninguno de ellos conoce el significado de la palabra "honor", sí creo que, al igual que con muchos de los grandes conquistadores, la victoria es lo que importa; los medios, no.
Genghis Khan pasó de ser esclavo a ser el conquistador más grande de la historia. En ese proceso arrasó con todo lo que tenía a su paso, pero también sentó las bases del mundo que hoy conocemos: instauró libertad religiosa, destruyó las castas por linaje, revolucionó las comunicaciones. Conquistó, sí, pero también asimiló. Ahí radica la diferencia fundamental.
Para mí, comparar los logros de Genghis Khan con lo que busca Palantir hace que se me revuelva el estómago, literalmente, pero como yo mismo escribí, no debemos dejar que la repugnancia nos lleve a minimizar lo que ocurre, ni que ello nos impida ver que Palantir es una empresa con la fuerza necesaria para llevar a cabo sus planes con la misma efectividad que Genghis Khan llevó a cabo los suyos.
Dicho eso, también estoy convencido de que Palantir no es ningún Imperio Mongol, ni Macedonio, ni Romano. Esos tres grandes imperios lograron algo que va mucho más allá de la conquista militar: la asimilación total de las culturas que encontraban a su paso. Palantir, en cambio, plantea abiertamente el rechazo de muchas de ellas. Genghis Khan tenía una visión muy clara: "Unir la tierra bajo un mismo imperio". Una visión que, paradójicamente al hablar de un "bárbaro", es mucho más incluyente que la de una empresa que radica en una nación construida por inmigrantes.
Para conquistar el mundo —antaño o hoy— sí se requiere ser despiadado hasta cierto punto. Pero también se requiere una visión que incluya, por obvio que parezca, a ese mundo.
Genghis Khan fue enterrado con la ropa sencilla que usó durante toda su vida y pensaba de sí mismo: "Jamás he tenido cualidades especiales". Si el manifiesto de Palantir es reflejo de la visión de su líder —y creo que lo es—, entonces es evidente que la empresa no tiene la visión para conquistar el mundo.
Y su líder, aunque quizá tenga lo de "despiadado", no merece compartir página con el esclavo nómada que conquistó el mundo: Genghis Khan.