Argentina atrae turistas pero sigue lejos de convertirlos en motor económico

Con 1,7% del Producto Bruto Interno, Argentina queda rezagada frente a destinos donde el turismo pesa más en la economía

Hoteles de destinos clave enfrentan menor consumo, costos altos y baja rentabilidad mientras el turismo argentino sigue rezagado frente a otros mercado

Un país puede reunir paisajes, ciudades y cultura con proyección global, pero eso no siempre convierte al turismo en motor económico. Esa distancia aparece en Argentina, donde el aporte directo del sector queda por debajo del peso registrado en otros destinos turísticos.

En el ranking de relevancia económica del turismo, Argentina ocupa el puesto 110 entre 125 países con datos disponibles. De acuerdo con Fundar, el Producto Bruto Interno turístico directo representa 1,7% del total de la economía argentina.

La medición considera exclusivamente el consumo de bienes y servicios realizado por turistas, sin incluir consumos locales ajenos al viaje. Ese indicador permite comparar la incidencia económica del turismo entre países y funciona como referencia para medir su peso real.

El contraste aparece frente a economías donde el turismo tiene una participación más alta en el producto. Croacia alcanza 11,8% del Producto Bruto Interno, Vietnam llega a 9,2%, Portugal registra 9,1% y Uruguay suma 8,9%.

Otros destinos con alta incidencia turística incluyen Filipinas, México, Grecia, España e Italia. En esos países, la participación del sector oscila entre 5,7% y 8,6% del producto, con oferta de playas, ciudades, cultura e historia.

El turismo argentino muestra una presencia mayor cuando se mide la industria turística ampliada. Bajo ese criterio, el valor agregado bruto del sector llega al 4,4% del Producto Bruto Interno, porque incorpora actividades vinculadas aunque parte del consumo provenga de residentes.

Aun con baja incidencia relativa, el turismo mantiene peso en exportaciones y empleo dentro de la economía argentina. Fundar señala que el sector representa 5,5% de las exportaciones totales y funciona como sexto complejo exportador del país.

Las industrias vinculadas al turismo emplean cerca de 1,2 millones de personas, equivalentes a 5,5% de la población ocupada. Ese dato muestra una diferencia entre el bajo aporte directo al producto y la relevancia laboral del sector.

Otro foco de tensión aparece en la balanza de pagos turística, donde el país registra un desequilibrio persistente. Fundar reportó saldo negativo en 42 de los 49 años transcurridos desde 1976, dentro del intercambio de servicios turísticos.

Entre 2016 y 2024, el déficit promedio anual por turismo internacional fue de USD 3.000 millones. Ese monto equivale a 0,54% del Producto Bruto Interno y refleja un gasto mayor de residentes argentinos en el exterior.

Presión hotelera en destinos clave

La baja incidencia económica del turismo convive con dificultades para hoteles y restaurantes en destinos relevantes del país. En Mar del Plata, punto clave del turismo argentino, operadores del sector advierten menor consumo, aumento de costos y caída de rentabilidad antes de las vacaciones de invierno.

Varios establecimientos trabajan por debajo del punto de equilibrio y enfrentan dificultades para sostener su operación diaria. En ese contexto, algunos negocios deben definir prioridades entre obligaciones fiscales, cargas laborales, servicios, proveedores y pago de salarios.

La caída de la demanda aparece vinculada con la pérdida del poder adquisitivo de los consumidores. El salario promedio se destina principalmente a gastos fijos, como alquiler, tarifas y alimentos, lo cual reduce el margen para esparcimiento.

Para algunos emprendimientos, las líneas de crédito pueden servir como capital de trabajo o apoyo puntual. Sin embargo, desde el sector hotelero y gastronómico advierten que el problema actual está centrado en la subsistencia.

La competencia de alquileres temporarios agrega otra presión sobre la hotelería formal en destinos urbanos y turísticos. Desde el sector señalan diferencias de costos frente a departamentos turísticos, porque los hoteles afrontan mayores cargas impositivas y laborales.