Trump y Xi cerraron el primer día en China con advertencias sobre Taiwán, coincidencias sobre Ormuz y acuerdos comerciales aún pendientes en Pekín
Langosta en sopa de tomate, costillas de res crujientes, pato asado al estilo de Beijing y salmón en salsa de mostaza acompañaron el cierre del primer día de conversaciones entre Donald Trump y Xi Jinping. La cena de Estado puso un tono ceremonial a una jornada donde ambos líderes alternaron mensajes de cooperación con advertencias sobre los temas más sensibles de la relación entre ambas potencias.
En Beijing, el presidente de Estados Unidos y el líder chino mantuvieron reuniones bilaterales, participaron en actos protocolarios y cerraron la jornada con un banquete. Según el Ministerio de Relaciones Exteriores de China, ambos acordaron establecer una nueva "relación constructiva, estratégica y estable", tras un encuentro seguido de cerca por gobiernos, mercados y empresas.
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La jornada estuvo marcada por una serie de temas ya agendados por ambos mandatarios. Entre ellos, la delicada situación en Taiwán, el cierre del estrecho de Ormuz y la apertura comercial en materia tecnológica.
La declaración más fuerte llegó desde el tema de Taiwán. Xi advirtió, según medios estatales chinos, que si el asunto se "gestiona mal", Washington y Beijing podrían "chocar o incluso entrar en conflicto, lo que llevaría a toda la relación entre China y Estados Unidos a una situación sumamente peligrosa".
El mensaje reforzó una postura conocida de Beijing. China considera a Taiwán parte de su territorio, pese a que el Partido Comunista Chino nunca ha gobernado la isla de 23 millones de habitantes. Estados Unidos, por su parte, reconoce la postura china bajo la política de "Una sola China", pero mantiene vínculos no oficiales con Taipei.
William Yang, analista sénior del International Crisis Group, sostuvo que "en esencia, Xi quiere que Trump sepa que Taiwán es el tema que podría ‘definir o destruir’ las relaciones entre Estados Unidos y China". También señaló que el llamado de Xi a actuar con "extrema cautela" no debía subestimarse.
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Marco Rubio, secretario de Estado de Estados Unidos, declaró después de la reunión que la política estadounidense hacia Taiwán "no ha cambiado" y que "cualquier cambio forzado en el statu quo sería perjudicial para ambos países".
Taiwán volvió a ser el epicentro de la relación bilateral luego de que Estados Unidos firmara una serie de acuerdos con Taipei para venderle cientos de millones de dólares en armamento. Esta acción fue condenada por el Gobierno chino, el cual se autoproclama soberano de la isla.
El estrecho de Ormuz apareció como otro eje de la conversación. Se esperaba que Trump presionara a Xi para que China ejerciera influencia sobre Irán y ayudara a reabrir esa vía marítima clave para el transporte de petróleo mundial.
Trump afirmó luego que Xi ofreció colaboración. "Si puedo ser de alguna ayuda, me gustaría serlo", dijo el mandatario estadounidense al citar al líder chino.
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Rubio presentó una lectura más acotada del intercambio. "No estamos pidiendo ayuda a China. No necesitamos su ayuda", declaró. Según el secretario de Estado, ambas partes coincidieron en que el estrecho no debe militarizarse ni quedar sujeto a un sistema de peaje. "Es bueno que tengamos una alianza, o al menos un acuerdo, sobre ese punto", afirmó.
Para China, la apertura del estrecho es vital para su economía debido a que el 45% del petróleo consumido en el país pasa por ese pasaje marítimo.
Los acuerdos comerciales se mantenían como un punto pendiente antes del cierre del viaje. Scott Bessent, secretario del Tesoro de Estados Unidos, sugirió avances sobre una posible venta de aviones Boeing a China, compras de energía estadounidense y conversaciones sobre inteligencia artificial.
"La buena noticia es que Estados Unidos es el líder indiscutible del mundo en este campo. Tenemos las mejores empresas de IA", declaró Bessent. También sostuvo que "las dos superpotencias de la IA van a empezar a dialogar" para fijar protocolos y mejores prácticas.
La delegación empresarial estadounidense incluyó a pesos pesados como Elon Musk (Tesla), Tim Cook (Apple) y Jensen Huang (Nvidia). En paralelo, el primer ministro chino, Li Qiang, pidió a líderes corporativos estadounidenses profundizar su presencia en China y actuar como puentes entre ambas economías.
Xi abrió su brindis con una referencia directa a las narrativas políticas de ambos países. "Los pueblos de China y Estados Unidos son dos grandes pueblos. Lograr la gran revitalización de la nación china y hacer que Estados Unidos vuelva a ser grande [MAGA] pueden ir de la mano", dijo.
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El líder chino agregó: "Podemos ayudarnos mutuamente a tener éxito y a promover el bienestar del mundo entero". Más tarde definió el vínculo bilateral como central para el sistema internacional y afirmó: "Debemos hacer que funcione".
Trump calificó las conversaciones como "sumamente positivas y productivas" y describió el vínculo entre ambos países como "una de las relaciones más trascendentales de la historia mundial". En su brindis, también afirmó: "El mundo es un mundo especial cuando estamos los dos unidos".
Se espera que para la jornada de mañana se lleven a cabo reuniones bilaterales de seguimiento lideradas por los gabinetes económicos. Se revisará el borrador del acuerdo marco para la reducción de aranceles y la apertura de mercados estratégicos a firmas estadounidenses. Además, se esperan sesiones de trabajo específicas entre los líderes empresariales que acompañan a Trump con altos funcionarios del gobierno de Xi Jinping.