Personas mayores y jóvenes aparecen entre los grupos expuestos a una problemática asociada a pérdida de vínculos y redes de apoyo
La soledad no deseada dejó de entenderse únicamente como una experiencia íntima y comenzó a ocupar espacio en la agenda sanitaria. La Organización Mundial de la Salud la describe como un sentimiento doloroso ante la brecha entre los vínculos deseados y los existentes. Esa diferencia puede aparecer incluso cuando una persona convive, estudia o trabaja rodeada de otras.
El fenómeno no equivale a elegir momentos de aislamiento, descanso o introspección personal. La soledad elegida puede no generar malestar, mientras la soledad no deseada aparece asociada a sufrimiento, tristeza o desamparo. También puede vincularse con la pérdida de redes de apoyo, la fragilidad de vínculos cotidianos y cambios en la vida urbana.
La OMS estima que cerca de una de cada seis personas en el mundo experimenta soledad, con efectos sobre salud y bienestar. El organismo también identifica mayores tasas entre jóvenes y personas de países con ingresos bajos o medios. Por esa razón, la conexión social aparece cada vez más vinculada a políticas públicas de prevención y acompañamiento.
Argentina incorporará esta discusión mediante el primer Congreso Argentino sobre Soledad No Deseada, previsto para el 18 y 19 de mayo. El encuentro se realizará en la Universidad Provincial de Córdoba y reunirá a especialistas, investigadores, autoridades públicas y organizaciones comunitarias. La iniciativa es impulsada por la Municipalidad de Córdoba, mediante el Instituto de Planificación Municipal y áreas sociales y sanitarias.
Uno de los ejes será la formación de "linkeadores sociales", una figura orientada a acompañar el primer paso hacia nuevos vínculos. Su función apunta a detectar situaciones de aislamiento no elegido y acercar a las personas a espacios comunitarios. El modelo toma como referencia experiencias de conectores sociales, usadas para vincular personas con actividades, grupos o servicios disponibles.
La provincia también cuenta con registros previos sobre llamados de salud mental asociados a conflictos personales y sentimientos de soledad. Desde 2024, una línea telefónica provincial analizó 1.515 consultas, con cerca de 30% vinculadas a esas situaciones. Ese dato abrió una línea de trabajo centrada en acompañamiento territorial, participación social y prevención del aislamiento.
Distintos gobiernos comenzaron a tratar la soledad como un problema de salud pública y cohesión social. Reino Unido creó en 2018 un área ministerial dedicada a la soledad, mientras Japón adoptó una figura similar en 2021. Alemania lanzó en 2023 un programa nacional, y Estados Unidos designó una embajadora para abordar el tema desde políticas urbanas.
España también trabaja con conectores sociales, una herramienta enfocada en enlazar personas con recursos comunitarios cercanos. Ese antecedente resulta relevante para el enfoque argentino, porque desplaza la respuesta desde la atención individual hacia redes de acompañamiento. La propuesta no reemplaza la atención profesional cuando resulta necesaria, pero suma una vía comunitaria de contacto cotidiano.
La OMS sostiene que fortalecer la conexión social puede beneficiar la salud mental, reducir riesgos sanitarios y mejorar comunidades. Ese enfoque ubica la soledad no deseada dentro de una conversación más amplia sobre bienestar, vínculos y participación. En Argentina, el programa cordobés buscará aportar herramientas para identificar casos, formar acompañantes y promover redes sociales sostenidas.