El nuevo presidente de la Reserva Federal inicia su mandato entre inflación persistente, tensiones políticas y divisiones internas
Kevin Warsh asumió la presidencia de la Reserva Federal (Fed) en un escenario marcado por altos índices de inflación y las tensiones geopolíticas que han repercutido en la economía de Estados Unidos. La llegada de Warsh abre un nueva etapa en el Banco Central, el cual se ha mantenido bajo la lupa de Donald Trump por sus altas tasas de interés.
La ceremonia se realizó este viernes 22 de mayo en la Casa Blanca, con el presidente Trump como anfitrión. Warsh sucederá a Jerome Powell, quien se mantuvo al frente del banco central desde 2017. Ahora, Powell continuará como gobernador de la Fed hasta enero de 2028.
Trump presentó a Warsh como una figura capaz de conducir una nueva etapa institucional. Durante la ceremonia, el presidente afirmó: "Quiero que Kevin sea totalmente independiente. Quiero que sean independientes y simplemente hagan un gran trabajo. No me miren a mí. No miren a nadie. Simplemente hagan lo suyo y hagan un gran trabajo".
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La frase contrastó con meses de presión pública sobre la Fed. Trump eligió a Warsh por su postura favorable a recortar tasas, una posición que el nuevo titular del banco central expresó en varias ocasiones junto con su preferencia por reducir el balance de la institución, es decir, al conjunto de activos y pasivos que mantiene el banco central. Esa combinación genera escepticismo entre economistas, especialmente porque Warsh propone bajar las tasas mientras la inflación anual llegó a 3,8% en abril, por encima del objetivo de 2% de la Reserva Federal.
Warsh fue confirmado por el Senado el 13 de mayo y ejercerá un mandato de cuatro años como presidente. También ocupará durante 14 años un asiento como gobernador de la Reserva Federal.
El principal desafío para Warsh será equilibrar la expectativa de recortes con el mandato de estabilidad de precios. La inflación anual llegó a 3,8% en abril, de acuerdo con el índice de precios al consumidor del Departamento de Trabajo. Ese nivel, el más alto en tres años, se sumó al aumento de los precios al productor y reforzó las dudas sobre una flexibilización cercana.
Si bien la Casa Blanca ha presionado a la Fed para bajar la tasa de interés, los responsables de la política monetaria considera apropiado endurecer la política si la inflación continúa por encima del objetivo de 2%. La Fed evita bajar las tasas porque un recorte podría estimular el crédito y el consumo antes de que los precios muestren una desaceleración sostenida.
En su discurso, Warsh ubicó este tire y afloje en el centro de su futura gestión. "Nuestro mandato en la Fed es promover la estabilidad de precios y el máximo empleo. Cuando perseguimos esos objetivos con sabiduría y claridad, independencia y determinación, la inflación puede ser más baja, el crecimiento más fuerte, el salario real disponible más alto y Estados Unidos puede ser más próspero".
La nueva conducción de la Fed enfrentará una agenda con varios puntos sensibles:
Por otro lado, la guerra en Irán presiona los precios en Estados Unidos por el encarecimiento de combustibles, alimentos y costos logísticos vinculados al conflicto. En ese escenario, el nuevo presidente deberá evaluar si el aumento de precios responde a factores temporales derivados del conflicto o si empieza a trasladarse de forma más amplia a servicios, salarios y expectativas inflacionarias.