Webdox advierte que la fragmentación contractual dificulta verificar cláusulas, anticipar vencimientos y coordinar decisiones en la cadena láctea
Cada litro de leche puede recorrer establos, centros de acopio, plantas procesadoras, unidades de transporte y puntos de venta antes de llegar al consumidor. Junto con el producto circula otra cadena menos visible: contratos donde se fijan precios, volúmenes, certificaciones, penalizaciones y responsabilidades.
México produjo alrededor de 13 mil 581 millones de litros de leche durante 2024, según estimaciones del Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera retomadas por Fideicomisos Instituidos en Relación con la Agricultura. El Consejo Nacional Agropecuario calcula que el mercado lácteo nacional vale 320 mil millones de pesos anuales y sostiene más de 600 mil empleos directos y un millón indirectos.
Esa dimensión multiplica los acuerdos entre productores, proveedores de insumos, procesadoras, transportistas, distribuidores y cadenas comerciales. Cuando los documentos permanecen repartidos entre correos electrónicos, anexos, archivos y sistemas independientes, localizar una cláusula o comprobar una obligación puede involucrar a distintas áreas durante varios días.
La NOM-243-SSA1-2010 establece disposiciones sanitarias para la leche y sus derivados. Por su parte, la NOM-155-SCFI-2012 regula denominaciones, características fisicoquímicas, información comercial y métodos de prueba. Parte de esas exigencias puede trasladarse a contratos, especificaciones técnicas y evidencias entregadas por los proveedores.
"La industria láctea mexicana ha avanzado en la trazabilidad de sus productos; el reto ahora es aplicar ese mismo rigor a los contratos que sostienen su cadena", afirmó José Manuel Jiménez, CEO de Webdox y miembro del consejo para las Américas de World Commerce & Contracting, en información para NotiPress.
El problema puede extenderse hacia la rentabilidad. World Commerce & Contracting estima que las deficiencias en la gestión contractual erosionan, en promedio, 8.6% del valor esperado de los acuerdos. La medición es global y no corresponde exclusivamente al sector lácteo, pero contempla sobrecostos, errores de facturación, entregas tardías y obligaciones incumplidas.
Herramientas de inteligencia artificial pueden extraer información de los contratos, comparar condiciones, detectar vencimientos y emitir alertas sobre obligaciones pendientes. Sin embargo, utilizar modelos generalistas sin datos organizados, permisos definidos o fuentes jurídicas identificables puede producir respuestas sin el contexto necesario para interpretar sus consecuencias.
"El contrato no es una consecuencia administrativa de la operación: es parte de la infraestructura que permite gobernarla", sostuvo Jiménez. Su información alcanza a las áreas legal, financiera, operativa, comercial, de compras y de calidad.
Webdox plantea avanzar hacia sistemas especializados de inteligencia contractual capaces de relacionar acuerdos con procesos del negocio y sugerir acciones bajo reglas predefinidas. La empresa también trabaja en una capa de inteligencia legal destinada a contrastar fuentes jurídicas y fundamentar las respuestas generadas.
La gobernanza adquiere especial relevancia en actividades reguladas. La norma ISO/IEC 42001 establece un sistema de gestión para identificar responsabilidades, riesgos y oportunidades vinculados con la inteligencia artificial. La supervisión humana continúa siendo necesaria, incluso cuando la tecnología localiza correctamente una cláusula.