¿Hay riesgo de un gran terremoto en Argentina tras el sismo de Colombia?

Registros sísmicos ayudan a entender qué factores pueden aumentar la exposición de distintas zonas de Argentina

Placas tectónicas, fallas activas y antecedentes históricos explican por qué algunas regiones argentinas requieren mayores medidas de prevención sísmica

Un terremoto de gran magnitud puede ocurrir a miles de kilómetros y reactivar una pregunta inquietante en otro país con antecedentes sísmicos importantes. El movimiento de magnitud 7,4 registrado en Colombia volvió a dirigir la atención hacia Argentina y sus posibilidades reales de enfrentar un evento destructivo.

La respuesta depende menos de lo ocurrido en Colombia que de las condiciones geológicas propias del territorio argentino y su extensa historia sísmica. Terremotos distantes no avanzan de un país hacia otro, ni permiten anticipar dónde ocurrirá el siguiente movimiento importante dentro de Sudamérica.

Argentina está afectada por la convergencia entre la placa de Nazca y la placa Sudamericana, cuya interacción genera importantes esfuerzos sobre la corteza terrestre. Ese proceso también puede activar fallas alejadas del contacto principal entre ambas placas, según documentación del Instituto Nacional de Prevención Sísmica.

Dónde se concentra la mayor peligrosidad

San Juan y Mendoza ocupan una posición central dentro del mapa sísmico argentino por sus antecedentes y las condiciones tectónicas del oeste del país. Sectores de La Rioja, San Luis, Salta, Jujuy, Catamarca y Tucumán también presentan distintos niveles de peligrosidad asociados con fallas y actividad sísmica.

El Instituto Nacional de Prevención Sísmica distingue cinco zonas, numeradas desde cero hasta cuatro, con niveles crecientes de peligrosidad sísmica para las construcciones. Esa clasificación considera la probabilidad de movimientos del suelo durante determinado período, pero no establece cuándo ocurrirá un terremoto específico.

Peligrosidad y riesgo tampoco significan exactamente lo mismo cuando se analiza el posible impacto de un terremoto sobre una población determinada. Mientras la peligrosidad describe la amenaza natural, el riesgo incorpora además la vulnerabilidad de edificios, infraestructura y otros elementos expuestos al movimiento sísmico.

Estos antecedentes muestran por qué esa diferencia resulta relevante para comprender el escenario argentino sin limitarlo únicamente a la magnitud de posibles terremotos. Mendoza sufrió un terremoto destructivo en 1861, mientras San Juan registró episodios severos en 1944 y 1977, con numerosas víctimas y daños materiales.

Qué puede anticipar la ciencia

Los mapas sísmicos permiten identificar regiones con mayor exposición y establecer exigencias técnicas para disminuir los daños cuando finalmente ocurre un movimiento intenso. Sin embargo, esos instrumentos no permiten determinar con precisión la fecha, ubicación y magnitud del próximo terremoto que afectará una determinada zona.[img1]

Un terremoto tampoco necesita alcanzar magnitud siete para producir consecuencias graves cuando ocurre cerca de zonas urbanas con construcciones especialmente vulnerables. Profundidad, distancia al epicentro, características del suelo y calidad de las edificaciones influyen directamente sobre los efectos registrados durante cada evento.

Por esa razón, las normas sismorresistentes constituyen una herramienta central para reducir vulnerabilidad en regiones donde los movimientos fuertes forman parte del escenario geológico. El Instituto Nacional de Prevención Sísmica recomienda construcciones con planos aprobados, materiales adecuados y controles profesionales durante las diferentes etapas de las obras.