Científicos identificaron una línea neonatal que permitió estimar el peso al nacer de Chiniquodon y estudiar su posible forma de reproducción
Una señal casi invisible, preservada dentro de un hueso durante 236 millones de años, acaba de abrir una nueva ventana sobre los antepasados mamalianos. Científicos encontraron una línea neonatal en Chiniquodon theotonicus, un cinodonte cercano al origen de los mamíferos, cuya reproducción permanecía prácticamente desconocida.
Publicado en Frontiers in Mammal Science, el estudio analizó un ejemplar procedente de la Formación Chañares, en Argentina. Los investigadores identificaron la señal microscópica en dos huesos y calcularon que este animal tenía una masa corporal relativamente elevada desde su nacimiento.
Ese resultado adquiere relevancia porque los cinodontes no mamíferos fueron considerados tradicionalmente ovíparos, pese a la escasez de evidencias directas sobre sus estrategias reproductivas. El nuevo análisis propone que Chiniquodon pudo desarrollar embriones dentro del cuerpo materno, una posibilidad que modifica considerablemente la cronología conocida de la viviparidad.
Los especialistas estudiaron principalmente la microestructura de los huesos para localizar una línea asociada con cambios fisiológicos ocurridos alrededor del momento del nacimiento. Esa marca apareció en dos elementos del esqueleto y permitió estimar por primera vez la masa corporal neonatal de este antiguo animal.
Según las estimaciones, Chiniquodon habría pesado cerca de 1,7 kilogramos al nacer y alrededor de 12 kilogramos en su etapa adulta. Esa relación significa que la cría alcanzaba alrededor del 14% de la masa adulta, una proporción inusualmente elevada frente a reptiles actuales comparables.
El equipo contrastó esos valores con información de 1.869 mamíferos, 2.619 reptiles y 782 aves, además de registros correspondientes a otros organismos fósiles. La comparación situó a Chiniquodon mucho más cerca del patrón observado entre mamíferos placentarios que de aquellos registrados entre reptiles, aves y monotremas.
Dicha similitud no ubica al animal entre los mamíferos placentarios, pero sí aporta evidencia sobre una estrategia reproductiva de aparición más temprana. Los autores destacan además las limitaciones inherentes a comparar organismos actuales con especies separadas por más de 200 millones de años.
La viviparidad caracteriza actualmente a la mayoría de los mamíferos, mientras los monotremas, como ornitorrincos y equidnas, mantienen una reproducción mediante huevos. Hasta ahora, esta capacidad reproductiva se reconocía mucho después dentro del linaje mamaliano, debido principalmente a la falta de evidencias fósiles anteriores.
Estos resultados adelantan entre 90 y 95 millones de años la evidencia conocida de viviparidad en el linaje relacionado con los mamíferos. Esto sitúa la posible aparición de nacimientos vivos durante el Triásico Superior, cuando los primeros dinosaurios también comenzaban a formar parte de los ecosistemas terrestres.
Todavía queda por determinar si Chiniquodon representaba un caso particular o si otros cinodontes compartieron una forma de reproducción semejante durante aquel periodo.