Aunque la IA ya puede traducir en segundos, hay situaciones de trabajo donde depender de una herramienta no basta para entenderse, reaccionar y avanzar
La inteligencia artificial puede traducir un correo, una presentación o una conversación en cuestión de segundos. Esa facilidad abre una pregunta inevitable: si una herramienta puede encargarse del idioma, ¿todavía vale la pena aprender inglés? Para Rodrigo Rivera Del Arco, director ejecutivo de productos institucionales de ETS (Educational Testing Service) para América Latina, la respuesta está en aquello que ocurre después de obtener una traducción.
En entrevista con NotiPress, Rivera explicó que la tecnología funciona como una herramienta para automatizar tareas cotidianas, pero conocer el idioma permite comprender mejor qué se está comunicando y actuar dentro de una situación concreta. "El conocimiento del idioma se vuelve fundamental para poder contextualizar esas traducciones", señaló.
Una traducción puede entregar palabras equivalentes, pero el trabajo también exige responder, negociar, hacer preguntas, interpretar instrucciones y sostener conversaciones sin detener constantemente el intercambio para recurrir a una plataforma. Ese punto adquiere especial importancia en organizaciones donde personas de diferentes países deben colaborar de manera cotidiana.
Rivera planteó el ejemplo de una fábrica automotriz en la que coinciden ingenieros alemanes, trabajadores latinoamericanos y ejecutivos de otras nacionalidades. "El idioma común es el inglés y no puedes estar sujeto a que la tecnología esté disponible para comunicarte entre todos ellos", afirmó. En ese escenario, la utilidad del idioma no depende únicamente de traducir información, sino de mantener una interacción fluida entre quienes participan en una misma operación.
También aparece una dimensión menos mecánica: entender el contexto cultural detrás de una conversación. Rivera considera que el dominio del idioma interviene en la interacción humana y en la capacidad de comprender a personas provenientes de entornos diferentes, algo difícil de reducir a la sustitución de una palabra por otra.
La inteligencia artificial ya forma parte de una porción importante del trabajo cotidiano. En México, los trabajadores consultados por ETS a través de su Human Progress Report 2026 – Mexico Insights estiman que actualmente 30% de sus tareas involucra herramientas de IA y calculan que esa proporción llegará a 55% dentro de dos años.
Sin embargo, ese crecimiento no significa que otras habilidades pierdan importancia. Para Rivera, saber inglés puede facilitar la adaptación cuando una empresa incorpora nuevos procesos, tecnologías o formas de trabajo. En manufactura, por ejemplo, señaló que los manuales y materiales de actualización suelen llegar en inglés, por lo que comprenderlos directamente permite reaccionar con mayor rapidez ante un cambio.
Los datos de ETS muestran que en México hay una brecha entre lo que el trabajo exige y lo que las personas sienten que dominan. Comunicación y alfabetización en IA son los dos casos más claros: en ambas habilidades, la importancia percibida supera en 11 puntos al nivel de competencia declarado.
Así, la IA puede encargarse de parte de la traducción, pero el inglés conserva utilidad cuando hay que comprender información, responder en el momento o comunicarse directamente con otras personas. En un entorno donde las herramientas cambian con rapidez, el idioma deja de ser solo un medio para traducir y pasa a formar parte de la capacidad para desenvolverse en el trabajo.