Astrónomos identificaron ráfagas naturales asociadas con auroras, un fenómeno capaz de revelar propiedades físicas difíciles de medir en mundos distantes
Durante décadas, los astrónomos buscaron una forma de estudiar directamente el magnetismo de planetas ubicados mucho más allá del Sistema Solar. Ahora, señales de radio atribuidas a Beta Pictoris b ofrecen una pista concreta sobre propiedades que antes resultaban extremadamente difíciles de medir.
Beta Pictoris b se encuentra a unos 63,4 años luz de la Tierra y tiene una masa cercana a diez veces Júpiter. También posee un radio estimado en 1,65 veces el de Júpiter y completa una rotación aproximadamente cada ocho o nueve horas.
Un exoplaneta es cualquier planeta que orbita una estrella distinta del Sol, por lo que pertenece a otro sistema planetario. Beta Pictoris b fue descubierto en 2008 y forma parte de un sistema muy joven, con apenas unas decenas de millones de años.
Investigadores del Centro de Astrofísica Harvard & Smithsonian y la Universidad de Oregón observaron el sistema con MeerKAT, un radiotelescopio situado en Sudáfrica. Durante cuatro sesiones realizadas entre 2025 y 2026, detectaron emisiones persistentes y ráfagas breves dentro de frecuencias entre 0,85 y 3,5 gigahercios.
Las ondas mostraron una fuerte polarización circular, una característica compatible con emisiones aurorales producidas por partículas cargadas dentro de campos magnéticos intensos. Para precisar el origen, el equipo utilizó cuásares lejanos como referencias y consiguió separar la señal del planeta frente a su estrella.
Esa distinción marca la principal novedad del estudio, porque observaciones anteriores no habían confirmado inequívocamente emisiones provenientes directamente de un exoplaneta. Los autores relacionan las ráfagas con un proceso natural llamado inestabilidad máser de ciclotrón de electrones, también observado en entornos aurorales planetarios.[img1]
Mediante este mecanismo, partículas cargadas se aceleran dentro de un campo magnético y liberan energía en forma de ondas de radio. Por eso, las señales no apuntan a comunicaciones artificiales, sino a actividad magnética comparable con procesos conocidos en la Tierra y Júpiter.
La frecuencia de las emisiones permitió estimar un campo magnético de al menos 1.250 gauss en la región donde surgió una ráfaga. Esa intensidad supera ampliamente el valor aproximado del campo terrestre y coincide con modelos previstos para planetas gigantes, jóvenes y masivos.
Si nuevas observaciones confirman el resultado, la radioastronomía podría convertirse en una herramienta para estudiar magnetismo planetario sin obtener imágenes detalladas de esos mundos. También permitiría analizar cómo interactúan sus campos magnéticos con partículas cercanas, conocer mejor sus auroras y explorar posibles vínculos con velocidades de rotación.
El magnetismo también puede aportar información sobre la estructura interna de un planeta y sobre la manera en que funciona su entorno espacial. En algunos casos, comprender ese entorno ayuda a estudiar cómo una atmósfera responde al viento emitido por la estrella que orbita.
Como posibles objetivos futuros, los investigadores señalaron siete exoplanetas gigantes distribuidos en cinco sistemas cercanos. Sin embargo, captar señales comparables exigiría radiotelescopios entre cinco y siete veces más sensibles que los utilizados en este trabajo.