Separar, purificar y recuperar materiales mantiene altos los costos de varias tecnologías que buscan convertir residuos de PET en nuevas materias primas
El reciclaje químico permite descomponer residuos de tereftalato de polietileno (PET) para recuperar moléculas que pueden reutilizarse como materias primas. Sin embargo, muchas de las tecnologías desarrolladas para conseguirlo todavía enfrentan una barrera para competir a gran escala: sus costos pueden superar los de producir materiales equivalentes a partir de fuentes fósiles.
Una revisión publicada en Green Chemistry analiza los avances recientes en la despolimerización química del PET y señala que los gastos relacionados con la separación y purificación de los productos, así como con la recuperación de disolventes, explican buena parte de esta diferencia económica. El PET virgen, mientras tanto, cuenta con procesos industriales maduros y las ventajas de producirse a gran escala.
La despolimerización funciona, en términos sencillos, como un proceso para desmontar las largas cadenas que forman el PET. En lugar de limitarse a triturar y reprocesar el plástico, busca recuperar componentes más pequeños que puedan emplearse nuevamente para fabricar poliésteres o transformarse en otros productos químicos.
Existen diferentes maneras de conseguirlo. La revisión identifica cuatro rutas principales: glicólisis, metanólisis, hidrólisis y aminólisis. La glicólisis es descrita como la tecnología de reciclaje químico de circuito cerrado con mayor madurez industrial y trabaja normalmente entre 170 y 220 °C. Otras alternativas pueden requerir temperaturas todavía mayores, presión elevada o tratamientos posteriores para recuperar el producto deseado.
Estas condiciones repercuten en los costos. La hidrólisis neutra a alta temperatura, por ejemplo, puede operar entre 230 y 300 °C y bajo presión. La metanólisis también suele necesitar sistemas presurizados. Otros procesos utilizan ácidos, bases, disolventes o catalizadores que posteriormente deben separarse o recuperarse.
Por ello, que una tecnología consiga descomponer PET en el laboratorio no significa necesariamente que pueda hacerlo de manera económica a escala industrial. La revisión advierte que varias de las alternativas más prometedoras permanecen entre las etapas de laboratorio y planta piloto, sin contar todavía con suficientes casos maduros de operación continua a gran escala.
Por su parte, el reciclaje químico tiene, no obstante, características que pueden justificar su desarrollo. Entre ellas está la posibilidad de procesar ciertos residuos de PET contaminados o mezclados que resultan difíciles para el reciclaje mecánico. También permite recuperar monómeros y otros componentes para fabricar nuevamente materiales o producir sustancias químicas de mayor valor.
Los autores identifican varias vías para reducir la brecha económica. Entre ellas se encuentran reutilizar con mayor eficiencia disolventes y catalizadores, disminuir la necesidad de temperaturas y presiones elevadas e integrar la reacción con la separación de los productos para evitar etapas adicionales de purificación.
También descubrieron, la escala es determinante. Los procesos experimentales en lotes pequeños presentan costos unitarios elevados, mientras que una mayor capacidad de procesamiento podría reducirlos. La revisión plantea así que el desafío del reciclaje químico del PET ya no consiste únicamente en demostrar que es posible descomponer el plástico, sino en conseguir que recuperar sus componentes resulte suficientemente eficiente y competitivo para llevar estas tecnologías a una aplicación industrial más amplia.