Suplantación de colaboradores, ejecutivos y proveedores permite a los ciberdelincuentes utilizar información sobre sus identidades para ejecutar fraudes
La protección de la infraestructura tecnológica empresarial dejó de ser suficiente para enfrentar todos los riesgos de fraude empresarial. Los ciberdelincuentes pueden ahora dirigir sus ataques contra personas como empleados, ejecutivos o proveedores, utilizando información sobre sus identidades sin necesidad de vulnerar directamente los sistemas tecnológicos de una organización. Esta modalidad cambia la estrategia y amplía los desafíos de ciberseguridad porque traslada parte de los riesgos hacia las personas y sus interacciones digitales.
En entrevista para NotiPress, Manuel Giraldo, Senior Manager de Fraud Prevention para Latinoamérica de Appgate, explicó que comprometer la infraestructura no siempre constituye el principal objetivo de los delincuentes. En determinados escenarios, los atacantes recurren a las personas y a la información asociada con sus identidades para desarrollar distintas modalidades de ataque.
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"Para el delincuente, no siempre vulnerar directamente la infraestructura se convierte en su principal foco", señaló el especialista. Contactar o comprometer a las personas se convierte en un patrón de ataque donde la identidad y la información relacionada con ella constituyen insumos para ejecutar acciones fraudulentas.
Este escenario cambia las reglas de juego del alcance de la protección empresarial. La identidad digital ya no se limita a los usuarios que ingresan a una plataforma corporativa, sino que también comprende a otros actores relacionados con las operaciones de la organización.
Giraldo explicó que ejecutivos, marcas y proveedores pueden ser suplantados fuera de los sistemas corporativos. Por ello, las estrategias de seguridad necesitan considerar amenazas que ocurren más allá de los entornos tecnológicos administrados directamente por las empresas.
En este contexto, la autenticación inicial de un usuario tampoco representa una garantía suficiente durante toda su actividad digital. El especialista planteó la necesidad de evaluar continuamente las condiciones de cada interacción mediante información sobre dispositivos, ubicaciones, comportamientos y otras señales que permitan identificar anomalías.
"Ya no basta con comprobar una identidad al inicio, hay que evaluar continuamente el contexto durante toda la interacción", afirmó
Dado esto, la identificación de comportamientos anómalos debe complementarse con mecanismos para detectar amenazas externas. Estas capacidades permiten relacionar eventos sospechosos con factores de riesgo que podrían no resultar visibles mediante controles tradicionales de acceso.
Para conseguirlo, las plataformas de prevención del fraude se benefician de compartir información e integrar diferentes fuentes de datos. Una infraestructura preparada para evolucionar no debería depender de soluciones aisladas que carezcan de contexto común, sentenció el experto.
Asimismo, también destacó la importancia de establecer responsabilidades antes de incorporar nuevas tecnologías. Entre los escenarios que las empresas necesitan identificar mencionó la suplantación de ejecutivos, el phishing y la suplantación de identidad.
Una vez identificados los riesgos, las organizaciones deben definir qué equipos detectan los incidentes, cuáles realizan las investigaciones, quién toma las decisiones y quién conserva las evidencias. Estas responsabilidades posibilitan posteriormente automatizar procesos y medir su funcionamiento.
Otro factor que entra en juego es la regulación, la cual establece las condiciones mínimas de cumplimiento, mientras la gobernanza distribuye las responsabilidades dentro de la organización. La tecnología debe responder a esa estructura y a los riesgos identificados, en lugar de convertirse en el punto de partida.
Así, la prevención del fraude empresarial requiere extender la protección desde la infraestructura hacia las identidades y las interacciones digitales. La posibilidad de que los delincuentes utilicen información de personas vinculadas con una empresa convierte la evaluación continua del contexto y la detección de amenazas externas en componentes de una estrategia de seguridad más amplia.