Bogotá,
Martín Olivera
Crédito foto: Martin Olivera (Composición/NotiPress)
El costo del dinero volvió a subir en Colombia y la decisión ya marca el debate económico del cambio de gobierno. El Banco de la República elevó la tasa de interés de política monetaria al 12%, con una inflación todavía lejos de la meta oficial.
Por mayoría de cuatro votos, la Junta Directiva aprobó un aumento de 75 puntos básicos el 30 de junio de 2026. Dos integrantes respaldaron una reducción de 50 puntos básicos y uno propuso mantener la tasa en 11,25%, informó el banco central.
Una tasa más alta busca reducir el consumo y moderar la demanda de crédito en hogares y empresas. Ese ajuste puede enfriar presiones sobre precios, aunque también encarece préstamos, tarjetas y financiamiento de proyectos.
El banco central sostuvo que la decisión apunta a que la inflación retome una senda decreciente. En mayo, la inflación anual se ubicó en 5,8% y la inflación básica llegó al 6,0%.
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Ambas cifras superaron la meta de 3% fijada por el Banco de la República. Las expectativas de inflación también permanecieron por encima del objetivo en todos los plazos.
Para junio, las expectativas implícitas en deuda pública mostraron una reversión parcial, tras incrementos registrados hasta mayo. Ese comportamiento mantuvo la atención sobre la velocidad con la cual podrían moderarse los precios.
El banco central también observó una economía con expansión superior a la prevista. El Producto Interno Bruto creció 2,2% anual en el primer trimestre de 2026, frente al 2,0% del trimestre previo.
La demanda interna avanzó más rápido que la producción, una condición que suele reforzar presiones de precios. El desempleo se ubicó en 8,0% en mayo, mientras los salarios mantuvieron aumentos importantes.
El presidente saliente Gustavo Petro cuestionó el incremento por sus posibles efectos sobre la actividad económica y la deuda interna. Su postura apuntó a que una tasa más alta puede frenar inversión, consumo y recuperación del empleo.
También vinculó parte de la presión inflacionaria con combustibles fósiles y el conflicto en Medio Oriente. El Banco de la República, por su parte, mencionó riesgos externos sobre combustibles, fertilizantes y mercados financieros.
El ministro de Hacienda, Germán Ávila, votó en línea con un recorte de 50 puntos básicos. Ávila sostuvo que una tasa más alta tendría efectos negativos sobre crecimiento y desarrollo económico.
Su posición contrastó con la mayoría de la Junta, que privilegió el control de precios. La decisión volvió a ubicar la autonomía del banco central en el centro del debate económico.
El próximo gobierno colombiano recibirá una política monetaria restrictiva y una inflación todavía por encima del objetivo. Esa combinación puede limitar el margen para estimular crédito, inversión y gasto público sin renovar presiones inflacionarias.
También exigirá coordinación con la autoridad monetaria, cuya autonomía opera como referencia para inversionistas y mercados. El gerente Leonardo Villar indicó que los efectos de las decisiones recientes se verían plenamente hacia 2027.
Las proyecciones disponibles apuntan a una convergencia gradual, con retorno a la meta de 3% hasta 2028. El alza al 12% deja a Colombia con crédito más costoso, inflación persistente y un debate económico abierto.