
Foto: Martin Olivera (Composición/NotiPress)
Los colegios privados enfrentan una paradoja que golpea al sistema educativo: más familias regresan a sus aulas, pero muchas instituciones tienen menos capacidad para sostener su operación. La recuperación de matrícula convive con deudas, costos altos y menor margen para financiar mejoras académicas.
En Colombia, el informe Mattilda 2026 El cambio que viene reportó que 70,8% de los colegios privados no cuenta con reservas para afrontar 2027. También, el 58,4% carece de un colchón económico para operar seis meses sin afectar su funcionamiento.
La Asociación de Colegios Privados de Colombia, conocida como Acopricol, registró cerca de 800 cierres durante los últimos cinco años. Las causas citadas incluyen menor natalidad, reducción de estudiantes matriculados, aumento de costos operativos y dificultades para obtener financiamiento.
Reservas bajas y costos altos
Esta crisis afecta sobre todo a colegios pequeños y medianos, con menos capacidad para absorber alzas en servicios, nómina y mantenimiento. La falta de reservas reduce la capacidad de invertir en infraestructura, formación docente, tecnología educativa y programas de acompañamiento estudiantil.
La presión financiera también incide en la continuidad del servicio educativo, porque un cierre obliga a redistribuir estudiantes en otros establecimientos. Para las familias, ese traslado puede implicar nuevos costos, mayores distancias y ajustes académicos en mitad del proceso escolar.
Parte del sistema educativo depende de estos colegios, porque absorben demanda que no siempre llega al sector público. Cuando una institución cierra, aumenta la presión sobre sistemas públicos y privados que deben recibir estudiantes desplazados.
Matrícula crece sin aliviar liquidez
El informe también mostró señales de recuperación, ya que 47,2% de los colegios aumentó estudiantes frente a 2025. Ese resultado casi duplicó el 24% registrado un año antes, aunque la ocupación promedio bajó de 68% a 62%.
La caída en ocupación muestra que más matrículas no significan aulas llenas ni finanzas estables. Además, los colegios sin ingresos adicionales a las cuotas mensuales familiares pasaron de 29% a 43,5%.
El retraso en los pagos suma otra presión a una operación dependiente de los aportes familiares. El 91,7% de las instituciones reconoció que la morosidad afecta su funcionamiento mensual, mientras los casos superiores al 10% pasaron de 6% a 12,3%.
La sostenibilidad financiera aparece como un componente clave dentro del debate educativo. Sin estabilidad económica, los colegios tienen menos capacidad para innovar, fortalecer sus equipos y acompañar a sus estudiantes.
El documento ubica tres frentes para el próximo gobierno: financiamiento, gestión administrativa y modernización tecnológica. Esa agenda incluye ampliar mecanismos de crédito, reducir cargas administrativas y conectar plataformas con procesos financieros, académicos y operativos.
Casi dos de cada tres colegios trabajan con plataformas no integradas a su gestión diaria. Esa condición genera duplicidad de tareas en 85% de los casos y resta tiempo a la planeación institucional.
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