El giro de Estados Unidos que puede golpear la economía colombiana sin previo aviso

 08-06-2025
Francisco Vicario
   
Portada | Colombia
Foto: Sergio F Cara (NotiPress/Composición)

Foto: Sergio F Cara (NotiPress/Composición)

Durante tres décadas, el comercio internacional funcionó bajo una lógica de apertura. Las economías emergentes adaptaron su producción, exportaciones e inversión a esa premisa. Estados Unidos lideró ese modelo y las cosas cambiaron a partir de la toma de posesión de Donald Trump en enero de 2025.

Empresarios, gobiernos y mercados observan una reconfiguración que aún no comprenden en su totalidad. El retorno del proteccionismo, como suele ser interpretado comunmente, ya impacta decisiones globales. La industria nacional toma protagonismo en países desarrollados. Colombia, sin barreras ni margen fiscal amplio, queda expuesta.

Germán Ávila, ministro de Hacienda, explicó durante la clausura de la 59 Convención Bancaria el 6 de junio de 2025 que aún no se puede medir el impacto. Pero reconoció que el cambio altera previsiones clave y advirtió que este nuevo entorno puede desestabilizar variables internas

"Seguramente si hace 30 años dijéramos, hubiéramos dicho que íbamos a enfrentar una coyuntura asociada a estrategias proteccionistas, nos habrían dicho que estábamos hablando en un lenguaje no comprensible en el mundo económico", Ávila

Nuevas barreras comerciales, subsidios directos o restricciones de mercado afectarían la demanda externa. También encarecerían insumos importados y debilitarían sectores con poca protección. Colombia depende de esas relaciones para sostener crecimiento e ingresos fiscales.

Déficit fiscal

A la par, el país enfrenta una carga fiscal elevada. Parte del déficit actual proviene de compromisos adquiridos antes del gobierno actual, justificó el titular de Hacienda. Entre ellos, el subsidio a los combustibles, el pago del crédito al FMI y el gasto en tarifas eléctricas. Solo estos tres factores representan $120 billones en cuatro años.

Desde el Ejecutivo no se contempla una respuesta drástica. La propuesta se enfoca en un pacto fiscal con metas graduales. Ávila rechazó una lectura rígida de la regla fiscal al hacer una analogía poco comprensible desde la perspectiva económica. Afirmó que es inviable "cumplir con la regla fiscal como si fuera una religión. La prioridad sigue siendo proteger el crecimiento, explicó, aúnque dicho crecimiento implique un alto costo por carecer de equilibrio fiscal.

Modificar el rumbo exige acuerdos

Ajustar sin frenar la inversión requiere decisión y coordinación entre sectores. El nuevo escenario internacional no permite improvisación. La estrategia debe balancear disciplina y estímulo económico.

Internamente, la economía muestra signos mixtos. El PIB crece 2,7%, pero la inversión ha caído en años recientes. Aunque algunos sectores comienzan a recuperarse, el margen sigue siendo bajo. Un entorno externo adverso puede frenar esa tendencia.

Respuestas rápidas desde Washington pueden afectar mercados de exportación clave. También cambiar el flujo de capital disponible. Colombia ha dependido de esos mecanismos para financiar parte de su deuda. Con menor liquidez global, el costo del financiamiento podría subir.

Desde la perspectiva oficial, es necesario anticiparse. No basta con ajustar gasto o buscar ingresos nuevos. Hace falta entender que el entorno ya no responde a las reglas anteriores. No habrá ayuda externa sin condiciones. No habrá acceso fácil a mercados sin negociación.

La idea de un pacto fiscal busca dar tiempo. La meta no es ignorar los límites, sino escalonarlos. Así se preserva la estabilidad sin sacrificar empleo o inversión. Colombia no puede competir con subsidios como los de las potencias, pero sí puede proteger su estructura productiva.

También criticó a los bancos por el costo de las tasas de interés para microempresarios o sectores populares, debido a que el respaldo del Gobierno alcanza el 90% de los préstamos.

Medir bien cada paso será clave. El error no está en reconocer el riesgo, está en ignorarlo. Colombia no genera el cambio global, pero sí debe leerlo. Las decisiones del socio más poderoso del hemisferio ya influyen en su balanza comercial, su presupuesto y su capacidad de crecer. La adaptación de la política fiscal no implica renunciar al control, significa ejercerlo con criterio. La apertura comercial construyó una ruta durante décadas. Si ahora esa ruta se desvía, el país no puede seguir caminando sin mirar el mapa.




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