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Cada invierno, el Bordo de San Jerónimo en la zona norte de Toluca se convierte en un punto de descanso esencial para aves migratorias que viajan desde Estados Unidos y Canadá. Ubicado en la delegación de San Pablo Autopan, sobre la carretera Toluca-Palmillas, este cuerpo de agua funciona como refugio estacional para especies que escapan del clima extremo del norte.
El Bordo se localiza dentro de una ruta migratoria clave en el Eje Neovolcánico, donde las aves encuentran condiciones más templadas y disponibilidad de alimento. Las migraciones se concentran entre octubre y marzo, periodo en que muchas especies utilizan el sitio no solo como punto de paso, sino también como residencia invernal.
Desde los primeros días de enero de 2026, el paraje ha recibido ejemplares de garzas, pelícanos y patos, según registros locales. "Desde hace varios días, el bordo de San Jerónimo en San Pablo Autopan en Toluca se ha convertido en refugio de algunas garzas, pelícanos y patos que han migrado por la temporada invernal desde Estados Unidos", informó Claudia Rodríguez en una nota publicada el 5 de enero.
En este ecosistema pueden observarse diversas especies de aves acuáticas. Entre las más frecuentes están el pato cucharón norteño (Spatula clypeata), el pato tecolote (Anas discors) y el pato pintail o glondrino. Además, sobresalen pelícanos blancos y el pelícano blanco americano, aves asociadas comúnmente con zonas costeras, pero que realizan paradas en los bordos del Valle de Toluca.
También se reporta la llegada de garzas blancas y grises que aprovechan la profundidad del agua para pescar. Conforme se acerca el mes de marzo, estas especies comienzan a ganar peso y a mudar su plumaje por uno más brillante, en preparación para su regreso al norte con fines reproductivos. El avistamiento de estas aves ha motivado a familias de la zona a visitar el lugar para observar y fotografiar a los ejemplares. "Algunas familias [...] han llegado [...] ya que no es común verlos", se reportó en la cobertura de Rodríguez.
A pesar de su entorno urbano y agrícola, el Bordo de San Jerónimo representa un punto clave para la biodiversidad del Estado de México. Su relevancia ecológica radica en su papel como zona de descanso, alimentación y tránsito para las aves migratorias del continente.
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