La desinformación en la era de las redes sociales y el rol de los medios

 14-07-2019
Belem Ruiz
   

 

Crédito foto: Sergio F Cara (NotiPress)

Crédito foto: Sergio F Cara (NotiPress)

 

A partir de 2016, luego del fenómeno del triunfo de Donald Trump, se popularizó el término fake news (noticias falsas), mas la desinformación no nació con las redes sociales y las tecnologías cognitivas del siglo XXI. Aunque lo cierto es que en la era de Facebook y los deepfakes (ultrafalsos, videos manipulados mediante redes generativas antagónicas de inteligencia artificial) las múltiples variantes de la desinformación (ciberanzuelo, manipulación, propaganda, sátira, rumores, contexto falso, falsedad para afectar resultados electorales, conspiranoia, mal periodismo...) se propagan de manera rápida y masiva.

De acuerdo con Androniki Christopoulou de la Universidad Helénica Internacional, calificar cualquier tipo de desinformación como fake news es un error y sólo al establecer una mejor clasificación y subclasificación de las diferentes maneras en las cuales ésta se manifiesta podremos comenzar a entender mejor el fenómeno; argumenta además que cada uno de estos diferentes tipos de desinformación requiere ser abordado de una manera particular a fin de combatirlo. Christopoulou propone tres dimensiones (y sus respectivos valores) para comenzar a evaluar el daño ocasionado por las publicaciones de esta clase:

1. Motivación: financiera, ideológica, psicológica, poco clara.

2. Facticidad: en su mayoría verdadero, en su mayoría falso, falso.

3. Verificabilidad: sí, no.

Clasificar los diversos tipos de desinformación presentes en el mundo digital es un primer paso para comprender el fenómeno y luego combatirlos, otro aspecto importante es entender su funcionamiento. Si bien los medios de comunicación no son los únicos responsables de la difusión de contenidos de desinformación, es cuando estos se publican a través de tales canales que se vuelve más grave y los daños son mayores, pues entonces la manipulación o propaganda o noticia falsa es envestida con la credibilidad del periódico o revista y resulta más fácil que los lectores la crean e incluso contribuyan a propagarla por internet.

Peter Geoghegan, periodista irlandés de la plataforma global independiente Open Democracy, explica en un artículo de octubre de 2018: "Trump aún establece la agenda de noticias con su cuenta de Twitter, independientemente de la veracidad de sus comentarios"; no obstante lo mucho que se beneficia de los medios de comunicación, el presidente de Estados Unidos los ha declarado "enemigos del pueblo estadounidense". Las públicas imprecisiones factuales y mentiras descaradas de Trump han creado una nueva visión del engaño, se ha convertido en una tendencia emergente dentro de la política estadounidense y el discurso público.

Trump ha convertido la desinformación en una de sus más poderosas herramientas de control; en la era de las redes sociales, el rol de los medios de comunicación es a veces el de propagar las imprecisiones, pero también existen periódicos y revistas comprometidos con exponer la enmarañada trama de desinformación del presidente. En adición, gigantes empresas tecnológicas como YouTube, Twitter y Facebook han comenzado a poner en funcionamiento herramientas capaces de brindar contexto u otros puntos de vista a los usuarios, para así enriquecer el debate y la toma de decisiones en la esfera pública.

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