Ciudad de México,
Sergio F Cara
Crédito foto: UN Photo/Laura Jarriel
Guerras abiertas, disputas territoriales, cuestionamientos al funcionamiento de Naciones Unidas y el avance de la inteligencia artificial coincidieron en los discursos de líderes y representantes internacionales durante la Asamblea General en septiembre de 2026. NotiPress analizó las intervenciones las cuales mostraron una agenda donde los conflictos militares continuaron ocupando un lugar central, pero convivieron con discusiones sobre tecnología, soberanía y la capacidad de las instituciones multilaterales para responder a las crisis.
Gaza fue uno de los puntos donde quedaron expuestas posiciones contrapuestas. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, defendió las operaciones de Israel y rechazó las acusaciones de genocidio, mientras el presidente palestino, Mahmoud Abbas, denunció lo que describió como una "guerra genocida" y advirtió sobre el desplazamiento de la población palestina.
Las diferencias no se limitaron a Medio Oriente. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, presentó la guerra contra Rusia como un conflicto cuyas implicaciones trascienden las fronteras de Ucrania. Su intervención vinculó la seguridad con drones, sistemas de intercepción, infraestructura energética y cooperación tecnológica, además de insistir en la necesidad de aumentar la presión internacional sobre Moscú.
La relación entre Estados Unidos e Irán abrió otro frente. Donald Trump combinó advertencias con condiciones para un eventual acuerdo sobre el programa nuclear iraní. Por su parte, el presidente Masoud Pezeshkian defendió el derecho de Irán a desarrollar tecnología nuclear con fines civiles y cuestionó la posición estadounidense.
Estas intervenciones reflejaron así versiones enfrentadas sobre seguridad, capacidad militar y soberanía. Mientras Washington presentó sus acciones en función de impedir una amenaza nuclear, Teherán sostuvo que su programa tiene objetivos civiles y denunció los ataques sufridos por el país.
Asimismo, la soberanía también apareció lejos de esos conflictos. El presidente argentino, Javier Milei, volvió a plantear el reclamo de Argentina sobre las islas Malvinas y cuestionó la falta de consecuencias de resoluciones internacionales relacionadas con la disputa. Reino Unido, en contraste, mantuvo su posición sobre el derecho de los habitantes del archipiélago a decidir su situación política.
Parte de las intervenciones no solamente utilizó a Naciones Unidas como escenario, sino que convirtió su funcionamiento en tema de discusión. El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, cuestionó la capacidad actual del Consejo de Seguridad para responder a conflictos y defendió cambios en la arquitectura internacional.
Zelenski también abordó las limitaciones derivadas del poder de veto dentro del Consejo de Seguridad. Desde México, el planteamiento incluyó la necesidad de reformar Naciones Unidas y fortalecer mecanismos de mediación, junto con una defensa de la cooperación internacional basada en el respeto a la soberanía.
De esta manera, las discusiones sobre Gaza, Ucrania y otros conflictos desembocaron también en una cuestión institucional: qué capacidad conserva el sistema multilateral para intervenir cuando los Estados mantienen posiciones incompatibles o cuando alguna de las potencias involucradas cuenta con herramientas para bloquear decisiones.
Por su parte, la tecnología añadió otra dimensión. Trump abordó el desarrollo de inteligencia artificial como parte de la competencia estratégica de Estados Unidos con China y manifestó oposición a esquemas internacionales de regulación que, desde su perspectiva, puedan limitar el desarrollo estadounidense.
Milei también llevó la inteligencia artificial a su intervención, aunque desde una perspectiva enfocada en la regulación. Su planteamiento favoreció un entorno con menores restricciones preventivas como mecanismo para atraer desarrollo tecnológico hacia Argentina.
Las referencias a inteligencia artificial ampliaron así una agenda tradicionalmente dominada por guerras, diplomacia y disputas territoriales. La capacidad tecnológica aparece cada vez más vinculada con competencia económica, autonomía nacional y seguridad.
En conjunto, los discursos visibilizaron una Asamblea atravesada por problemas de distinta naturaleza, pero conectados por interrogantes similares sobre poder y cooperación internacional. Las guerras de Gaza y Ucrania, las tensiones con Irán y la disputa por Malvinas mantienen abiertas discusiones históricas sobre territorio y soberanía, mientras la inteligencia artificial introduce un nuevo terreno de competencia.
Al mismo tiempo, las propuestas para reformar Naciones Unidas reflejan una discusión sobre la institución que alberga esos debates. Así, la Asamblea, además de exponer las divisiones entre los gobiernos, convirtió la capacidad de la propia ONU para responder a ellas en uno de los asuntos del debate.