
Foto: Martin Olivera (Composición/NotiPress)
La Tierra no gira siempre al mismo ritmo, y el deshielo acelerado estaría sumando milisegundos a la duración de los días. La pérdida de hielo en polos y glaciares eleva el nivel del mar, redistribuye masa sobre el planeta y ralentiza su rotación.
Un equipo de la Universidad de Viena y la Escuela Politécnica Federal de Zúrich identificó ese cambio en un estudio publicado en Journal of Geophysical Research: Solid Earth. La investigación estimó un alargamiento cercano a 1.33 milisegundos por siglo, una tasa sin precedentes en los últimos 3.6 millones de años.
El fenómeno ocurre porque el agua procedente del deshielo se desplaza hacia los océanos y modifica la distribución de masa terrestre. Ese mecanismo se compara con un patinador que gira más lento cuando extiende los brazos.
Cómo el deshielo cambia la rotación terrestre
La rotación de la Tierra depende de la forma en que la masa se distribuye dentro y sobre el planeta. Cuando casquetes polares y glaciares pierden hielo, parte de esa masa cambia de ubicación y reduce levemente la velocidad de giro.
El efecto no altera la vida cotidiana, porque se mide en milisegundos por siglo. Sin embargo, su registro importa para sistemas que dependen de mediciones exactas, como navegación espacial, telecomunicaciones y posicionamiento global.
Los investigadores relacionaron el alargamiento actual con el cambio climático moderno y el aumento sostenido del nivel del mar. El análisis señala que la tasa reciente supera registros reconstruidos para millones de años anteriores.
Hace cerca de 2 millones de años ocurrió un evento similar, aunque con una tasa menos intensa. La variación observada entre 2000 y 2020 mostró un ritmo más alto frente a ese antecedente geológico.
Fósiles marinos permitieron reconstruir el pasado
El equipo reconstruyó cambios antiguos del nivel del mar mediante foraminíferos bentónicos, organismos marinos unicelulares conservados en restos fósiles. La composición química de esos fósiles permite inferir variaciones oceánicas y movimientos de masa durante largos periodos geológicos.
Después, los científicos aplicaron un modelo probabilístico de aprendizaje profundo para relacionar esas variaciones con la rotación terrestre. Ese método permitió vincular datos paleoclimáticos con mediciones actuales sobre duración del día y aumento del nivel del mar.
El deshielo de los casquetes polares y glaciares de montaña eleva el nivel del mar durante el siglo XXI. Ese desplazamiento de agua hacia otras zonas del planeta ralentiza la rotación terrestre y prolonga la duración del día.
La duración exacta de un día terrestre tampoco depende solo del cambio climático. La gravedad de la Luna, los procesos internos del planeta, la atmósfera y los océanos también influyen en pequeñas variaciones temporales.
Aun así, el aumento reciente se atribuye principalmente a la influencia humana sobre el sistema climático. La investigación advierte que, hacia finales del siglo XXI, ese impacto podría superar al efecto lunar sobre la duración del día.
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