Ciudad de México,
Axel Olivares
Crédito foto: X @WhiteHouse
La visita de Estado de Donald Trump en China terminó con una imagen calculada de cordialidad, pero sin respuestas completas sobre los temas más sensibles entre Washington y Beijing. El viaje permitió bajar el tono de una relación marcada por tensiones, aunque los principales resultados quedaron sujetos a confirmaciones posteriores.
Trump partió de Beijing el viernes por la tarde, hora local, después de dos días de reuniones bilaterales con su par, Xi Jinping. La agenda se dividió en tres grandes bloques: Irán, Taiwán y comercio bilateral.
Trump y Xi en el Templo del Cielo. Fuente: X @Whitehouse
El resultado más visible fue político. Ambos líderes evitaron una escalada pública y mostraron disposición a sostener una relación más estable, al menos en el corto plazo. Trump resumió el tono de la reunión con una frase optimista: "Hemos resuelto muchos problemas que otros no habrían podido solucionar, y la relación es muy sólida".
Esa declaración no estuvo acompañada por detalles concretos sobre los problemas resueltos. La visita dejó una señal de estabilidad, pero no mostró avances inmediatos en los temas que han deteriorado la relación bilateral durante los últimos años.
Por su parte, el líder chino agregó: "Podemos ayudarnos mutuamente a tener éxito y a promover el bienestar del mundo entero". Más tarde definió el vínculo bilateral como central para el sistema internacional y afirmó: "Debemos hacer que funcione".
El conflicto con Irán ocupó parte de las conversaciones. Existía expectativa sobre una posible presión de Xi a Teherán, debido al vínculo diplomático de China con Irán y a sus compras de petróleo.
Trump afirmó a Fox News que Xi ofreció ayuda para resolver el conflicto y prometió no entregar equipo militar a Irán. Sin embargo, Marco Rubio declaró a NBC News que Estados Unidos no solicitó la ayuda de China para resolver la crisis.
La Casa Blanca informó que ambos países coincidieron en mantener abierto el estrecho de Ormuz y en impedir que Irán posea un arma nuclear. Aun así, Beijing mantuvo una postura cercana a sus mensajes previos y reiteró que la guerra "nunca debió haber ocurrido".
Trump y Xi en el Templo del Cielo. Fuente: X @Whitehouse
Xi utilizó la reunión para fijar posición sobre Taiwán, tema que calificó como el "más importante" en la relación bilateral. Según el comunicado chino, advirtió: "Si se maneja adecuadamente, la relación bilateral gozará de estabilidad general".
El mismo mensaje incluyó una advertencia sobre el escenario contrario: "De lo contrario, los dos países tendrán enfrentamientos e incluso conflictos, poniendo en grave peligro toda la relación". Rubio afirmó después que la posición de Estados Unidos "no ha cambiado" y que ambas partes pasaron a otros temas.
Taiwán volvió a ser el epicentro de la relación bilateral luego de que Estados Unidos firmara una serie de acuerdos con Taipei para venderle cientos de millones de dólares en armamento. Esta acción fue condenada por el Gobierno chino, el cual se autoproclama soberano de la isla.
Trump regresó con anuncios económicos útiles para presentar resultados internos, aunque China no confirmó acuerdos específicos. El representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, señaló que la administración espera compras chinas de productos agrícolas estadounidenses por decenas de miles de millones de dólares anuales durante tres años.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, precisó que no habría compras adicionales de soja, porque ya estaban contempladas en un acuerdo firmado en octubre. Greer también dijo que China renovó licencias para exportación de carne de res estadounidense, mientras Trump anunció una compra china de 200 aviones Boeing.
Xi declaró ante la delegación estadounidense que China abrirá más sus puertas a las empresas estadounidenses "profundamente involucradas en la reforma y apertura del país", según informó la agencia estatal Xinhua.