Ciudad de México ,
Carlos Ortíz
Crédito foto: Sergio F Cara (NotiPress)
La industria de parques y atracciones en América Latina y el Caribe atraviesa un punto de inflexión: mientras mantiene su crecimiento económico y generación de empleo. Este enfrenta una presión cada vez mayor por integrar criterios de sostenibilidad que respondan tanto a estándares globales como a nuevas expectativas sociales.
Este cambio no surge de forma aislada. Desde la adopción de la Agenda 2030 impulsada por la ONU, la sostenibilidad dejó de ser un componente adicional para convertirse en un eje central en múltiples industrias. En el caso del entretenimiento, el desafío es particularmente complejo: equilibrar experiencias masivas con la responsabilidad ambiental, el impacto en comunidades y la viabilidad económica.
En este contexto, IAAPA ha reforzado su estrategia regional para acompañar a operadores en la adopción de prácticas más sostenibles. De acuerdo con datos de la asociación, el 71% de sus miembros ya considera la sostenibilidad como un eje estratégico, lo que se traduce en acciones como eficiencia energética, reducción de residuos y fortalecimiento de la gobernanza corporativa.
Sin embargo, el dato abre una pregunta clave: ¿qué tan profundo es este cambio? Aunque existe una adopción creciente de iniciativas, especialistas del sector coinciden en que el reto está en pasar de acciones aisladas a una transformación estructural que abarque toda la operación.
El reciente encuentro del Comité de Sostenibilidad de IAAPA América Latina y el Caribe (LAC) evidenció precisamente esa transición. Más allá de compartir buenas prácticas, la discusión se centró en cómo traducir la estrategia en implementación real, considerando las diferencias económicas, regulatorias y sociales entre los países de la región.
"El reto no es solo adoptar prácticas sostenibles, sino integrarlas como parte del modelo de negocio", señaló a NotiPress Paulina Reyes, representante de IAAPA en la región. Esta visión apunta a una transformación donde la sostenibilidad no funcione como un complemento reputacional, sino como un factor de competitividad.
El caso de México ilustra la magnitud del desafío. Con más de 1,700 instalaciones, una derrama económica cercana a 840 millones de dólares anuales y alrededor de 180,000 empleos, la industria tiene un peso significativo en la economía. Esto implica que cualquier transición hacia modelos más sostenibles debe considerar no solo el impacto ambiental, sino también sus efectos en el empleo y el desarrollo local.
Desde el sector empresarial, la conversación también ha evolucionado. Para Iliana Rodríguez, de Grupo Xcaret, el futuro de la industria dependerá de su capacidad para integrar principios como el valor compartido, una visión ética y un gobierno corporativo robusto. Bajo esta perspectiva, la sostenibilidad se convierte en un elemento que define la permanencia de las organizaciones en el largo plazo.
A este escenario se suma un actor cada vez más relevante: el visitante. Nuevas generaciones de consumidores priorizan experiencias alineadas con valores ambientales y sociales, lo que presiona a los operadores a replantear no solo sus procesos internos, sino también la forma en que diseñan y comunican sus experiencias.
Así, la sostenibilidad en la industria de atracciones deja de ser una tendencia para consolidarse como una condición estructural. El desafío ahora no es si adoptar estas prácticas. Sino qué tan rápido y qué tan profundo será el cambio en una región donde el crecimiento económico y la responsabilidad ambiental avanzan, cada vez más, en la misma dirección.