Ciudad de México,
Pablo A. Ruz Salmones
Crédito foto: Gustavo Torres (NotiPress)
Todos hemos escuchado historias de personas que, con sus inventos, cambiaron el mundo… y en el camino se hicieron millonarios.
En la universidad es común que a los alumnos se les cuenten las historias de personas como Henry Ford, John D. Rockefeller, Andrew Carnegie, y por supuesto, de forma mucho más reciente, Elon Musk, Jeff Bezos y Mark Zuckerberg, entre varios otros.
Rara vez se utilizan emprendedores de la región para ejemplificar la innovación y cómo ésta puede permitir que un país salga adelante. Esto se explica en gran parte porque la mayor fuente de riquezas en Latinoamérica no proviene de empresas o individuos que hayan decidido innovar, o emprender de cero, sino de estructuras e industrias relativamente tradicionales, aunque por supuesto existen excepciones muy decorosas.
Nunca he sido partidario de usar palabras a la ligera, y por ello, cada que una conferencia atribuye todos los defectos al mindset, se me revuelve el estómago. No obstante, algo de cierto existe en el hecho de que crecer rodeado de industrias tradicionales y de modelos de negocio y ecosistemas que no fomentan la innovación causa que la forma de ver el crecimiento en la región tenga un cierto patrón.
Dicho lo anterior, es igual de cierto que la sobrerregulación existente en varios países de Latinoamérica, así como la falta de programas que permitan el crecimiento de las PyMEs -ya sea por excesiva carga fiscal, por la alta burocracia, o bien por falta de acceso a créditos- es responsable en gran medida de crear un ambiente poco propicio para que las empresas se arriesguen a innovar. Esto, entre cosas cosas posibilita que entre águilas y dragones, haya un impulso local de poder.
Esto genera, como es evidente, un círculo vicioso. Como hay tan pocos casos de éxito de empresas que, habiendo innovado, se conviertan en grandes corporaciones, pocas personas deciden arriesgarse a lograr una innovación verdadera, reduciendo el número de entidades que pudieran llegar a ser el futuro de la región.
Todo esto me recuerda a una historia que escuché en la que una mujer llegaba a la biblioteca de Alejandría buscando convertirse en astrónoma. El bibliotecario le respondía que era imposible. "¿Por qué?", preguntaba ella. "Porque nunca ha habido una mujer astrónoma", respondía él.
Sé que siempre es sencillo asignarle la responsabilidad a alguien más. Identificar un problema y luego señalar al responsable siempre es más fácil que ver aquello que uno mismo puede mejorar para que exista un mejor ambiente.
No obstante, creo que en este caso la solución a este círculo vicioso sí tiene que venir de una política pública. Como empresarios, por supuesto que podemos arriesgarnos un poco más, pero también es cierto que es responsabilidad de los servidores públicos crear los ambientes legales y económicos necesarios para facilitar esa toma de riesgos.