
Foto: Sergio F Cara (NotiPress)
Pensar en la casa mexicana de nuestros abuelos probablemente nos lleva a lugares parecidos: una vivienda amplia, un patio, varias habitaciones y una mesa donde siempre parecía caber alguien más.
Su diseño parecía estar pensado para una forma de vida muy distinta a la actual. Hoy vivimos en ciudades más densas, las familias han cambiado y nuestras prioridades también. La casa mexicana se está transformando junto con nosotros.
De la casa familiar al departamento
Durante generaciones, tener una casa con patio fue parte del imaginario de muchas familias mexicanas. Ahí jugaban los niños, se organizaban reuniones y transcurría buena parte de la convivencia.
En las grandes ciudades, ese modelo es cada vez más difícil de replicar. Los departamentos y la vivienda vertical han ganado terreno y, con ello, también ha cambiado nuestra relación con el espacio.
Quizá tenemos menos metros dentro de casa, pero comenzamos a utilizar el edificio de una manera distinta.
El patio no desapareció, se transformó
Algo curioso ocurre con aquellos espacios que parecían característicos de las casas de antes: muchos están regresando con otro nombre y otra forma.
El patio donde convivía la familia se convirtió en roof garden. La sala donde se recibían visitas puede extenderse hacia un salón común o una terraza. Incluso espacios que antes estaban fuera de casa ahora forman parte de algunos edificios: gimnasio, áreas de trabajo, zonas infantiles o espacios para mascotas.
Así, la vivienda se hizo más compacta, pero parte de la vida comenzó a extenderse hacia las áreas compartidas.
También cambió quién vive dentro
La familia mexicana tampoco tiene una sola forma.
Existen personas que viven solas, parejas que deciden no tener hijos, familias pequeñas y personas para quienes un perro o un gato ocupa un lugar fundamental en su vida cotidiana.
Eso modifica lo que buscamos al elegir dónde vivir. Hoy una habitación adicional puede convertirse en oficina o un balcón puede ser más importante que un comedor enorme.
La casa también se convirtió en oficina
Nuestros abuelos difícilmente habrían imaginado una videollamada de trabajo desde la mesa del comedor. Hoy, trabajar algunos días desde casa forma parte de la rutina de muchas personas y eso también cambió la manera en que utilizamos cada metro cuadrado.
De ahí que hayan cobrado relevancia espacios flexibles dentro de la vivienda y áreas como coworkings o salas de trabajo dentro de los edificios. Ya no buscamos únicamente dónde dormir. Buscamos espacios capaces de adaptarse a distintas partes de nuestra vida.
Una nueva versión de la casa mexicana
Septiembre suele llevarnos a pensar en aquello que nos identifica como mexicanos. Nuestra comida, nuestras tradiciones, nuestra historia y nuestras ciudades forman parte de esa identidad.
Pero también lo hace nuestra manera de habitar.
Podemos imaginar que la casa de nuestros abuelos respondía perfectamente a su época. La nuestra tiene que responder a otra: ciudades más verticales, familias diferentes, nuevas formas de trabajar y una generación que valora de otra manera su tiempo y su calidad de vida.
Tal vez la casa mexicana cambió de tamaño, de distribución e incluso de altura.
Pero hay algo que permanece: seguimos buscando un lugar donde hacer comunidad, compartir la vida y sentir que pertenecemos.
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