
Foto: Sergio F Cara (NotiPress)
La captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos fue presentada como un triunfo de la justicia internacional. Muchos pensaron que ese golpe abriría la puerta a una transición democrática en Venezuela. Sin embargo, las declaraciones recientes de Marco Rubio en el Senado estadounidense dejan claro que el objetivo de Washington no es la democracia, sino el control.
Rubio lo dijo sin rodeos: "Venezuela no está en transición democrática. Está bajo administración estratégica". Esa frase resume la lógica de la política exterior norteamericana hacia Caracas: estabilizar primero, legitimar después… o nunca.
La intervención que llevó a Maduro a suelo estadounidense no fue un gesto altruista ni un acto de solidaridad con el pueblo venezolano. Fue una operación quirúrgica con tres objetivos centrales:
- Evitar el colapso del Estado venezolano, que habría desatado una crisis migratoria y humanitaria de proporciones regionales.
- Neutralizar amenazas, desde redes de corrupción hasta alianzas de Venezuela que ponían nerviosos a Estados Unidos.
- Reinsertar a Venezuela en un orden económico supervisado, donde el petróleo es administrado bajo licencias y auditorías directas de Washington.
Así, el secretario de Estado explicó con crudeza en el Senado: "El petróleo se usa para impedir el colapso fiscal y social, no para salvar ni legitimar al régimen".
El petróleo como palanca
Por su parte, la reforma de la Ley de Hidrocarburos, impulsada bajo presión externa, abrió la industria a una "apertura tutelada". Los ingresos no fluyen libremente hacia las arcas del chavismo: quedan bajo control y autorización de Estados Unidos. La cooperación con figuras como Delcy Rodríguez no es un reconocimiento político, sino una necesidad operativa.
Para el titular del Departamento de Estado, "los ingresos petroleros no financian al régimen: quedan bajo control, auditoría y autorización directa de Estados Unidos".
Entonces, la narrativa oficial habla de democracia, pero la realidad es otra. La liberación de presos políticos, por ejemplo, no es un gesto humanitario, es una métrica verificable de cumplimiento bajo presión. La presencia estadounidense en Caracas se aleja del simbolismo y la diplomacia y cae en terreno operativo.
Escenarios a mediano plazo
El futuro de Venezuela no depende de elecciones inmediatas, sino de la capacidad de Washington de sostener su "administración estratégica" sin que el país colapse.
Los posibles escenarios que se observan son:
- Estabilización bajo tutela externa: Venezuela se convierte en un Estado administrado, con recursos controlados y reformas condicionadas.
- Transición pactada: si la presión logra abrir espacios, podría surgir un gobierno híbrido, con oposición y chavismo bajo supervisión internacional.
- Escalada de fuerza: Rubio advirtió que "el uso de la fuerza sigue sobre la mesa si la cooperación fracasa". Una intervención más amplia no está descartada.
- Fragmentación interna: la ausencia de legitimidad podría derivar en nuevos focos de resistencia, incluso dentro del chavismo.
Venezuela no vive una transición moral ni democrática. Vive una transición administrada por poder duro. Quien no entienda eso, está leyendo mal el momento histórico.
De manera que la pregunta no es si habrá democracia, sino cuánto tiempo podrá sostenerse un modelo donde el control precede a la legitimidad. Y en ese tablero, Estados Unidos ya dejó claro que lo que importa no es el voto, sino el petróleo.
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