
Foto: Axel Olivares (Composición/NotiPress)
La falta de una renovación del T-MEC abrió una etapa de revisiones anuales para los miembros del acuerdo. Si bien fracasaron las negociaciones trilaterales para sostener reglas fijas por 16 años a causa de la negativa de Estados Unidos, el tratado sigue vigente, solo que requerirá de reuniones periódicas para tratar diferentes aspectos.
Sin embargo, los resultados son desalentadores para diferentes sectores, entre ellos, la industria tecnológica que ahora debe enfrentar mayor incertidumbre para invertir, mover datos y proteger activos digitales entre México, Estados Unidos y Canadá. Al mismo tiempo, los tres países mantienen una infraestructura digital integrada, la cual una fragmentación abriría una travesía burocrática para los tres países.
Inversiones bajo una señal más débil
El artículo 34.7 del T-MEC establece que, si una parte no confirma la extensión por 16 años, la Comisión debe reunirse cada año durante el periodo restante del acuerdo. Ese mecanismo mantiene vivo el tratado, pero reduce el horizonte de estabilidad para proyectos de largo plazo.
La diferencia pesa en sectores como semiconductores, centros de datos, servidores y telecomunicaciones. Una fábrica de chips o un complejo de nube no se decide con una mirada de corto plazo. Requiere permisos, energía, proveedores, talento y contratos que suelen calcularse durante más de una década. Con revisiones anuales, el capital puede esperar, dividir inversiones o mirar hacia Asia, donde varios gobiernos compiten por atraer plantas y cadenas de suministro.
De acuerdo con McKinsey & Company, en Asia Oriental algunas fábricas llegan a producción en volumen entre 28 y 32 meses, mientras en Estados Unidos ciertos proyectos se han extendido a más de 50 meses por permisos y construcción. Esa diferencia ayuda a sostener el riesgo de desvío de capital hacia Asia.
La nube queda frente a fronteras más caras
El Capítulo 19 del T-MEC protege el comercio digital y limita las barreras al movimiento de datos. Sus reglas prohíben exigir almacenamiento local de información como condición para operar, además de restringir solicitudes obligatorias de código fuente o algoritmos propietarios.
Si los tres países empiezan a imponer reglas nacionales distintas, una empresa podría necesitar centros de datos separados para cada mercado. Como consecuencia, la localización forzosa de datos puede elevar los costos de alojamiento entre 30% y 60%, de acuerdo con un estudio del Program on International Financial Systems.
Equipos electrónicos podrían encarecerse
La industria tecnológica también observa el riesgo de perder certeza arancelaria. Bajo el T-MEC, los bienes tecnológicos que califican como originarios pueden entrar con arancel cero, pero esa protección depende de reglas de origen y de la estabilidad del acuerdo.
Computadoras, teléfonos, servidores, routers y equipos de telecomunicaciones dependen de piezas que cruzan varias veces las fronteras antes de llegar al consumidor. Si el marco regional pierde fuerza, las empresas quedarían más expuestas a revisiones, medidas especiales o aranceles sectoriales que pueden encarecer componentes y dispositivos finales.
La Consumer Technology Association pidió preservar la certeza arancelaria para productos que cumplen con el T-MEC. La organización sostuvo que excluir estos bienes de nuevas acciones tarifarias reduce costos para fabricantes y consumidores.
IA y ciberseguridad pierden coordinación
La inteligencia artificial y la ciberseguridad dependen de una base regional difícil de ver para el usuario promedio: datos que cruzan fronteras, centros de nube, chips, talento especializado y reglas comunes para proteger código fuente, algoritmos y secretos comerciales.
El Capítulo 19 del T-MEC sostiene parte de esa arquitectura al limitar la localización forzada de datos y proteger el software propietario frente a exigencias de transferencia tecnológica. La revisión anual del acuerdo puede complicar ese equilibrio.
Si cada país avanza con reglas distintas sobre privacidad, incidentes cibernéticos, uso de IA o protección de modelos generativos, las empresas tendrían que adaptar sus sistemas a tres marcos regulatorios separados. Para bancos, hospitales, fábricas, plataformas de nube y operadores logísticos, esa fragmentación puede traducirse en más costos, auditorías duplicadas y respuestas más lentas frente a ataques digitales.
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