La IA toma velocidad, pero la infraestructura no logra seguirle el paso

 04-08-2026
Axel Olivares
   
Foto: Sergio F Cara (NotiPress/Composición)

Foto: Sergio F Cara (NotiPress/Composición)

La carrera por desplegar inteligencia artificial (IA) a gran escala está entrando en una etapa marcada por una paradoja. Mientras las empresas multiplican el desarrollo de nuevas aplicaciones, la infraestructura necesaria para sostener ese crecimiento avanza con mucha más lentitud.

El efecto ya no se concentra únicamente en los fabricantes de procesadores. La expansión de la IA ha elevado la demanda de memoria, sistemas ópticos, servidores, capacidad eléctrica y nuevos centros de datos, además de los permisos y la mano de obra necesarios para construirlos.

A medida que más empresas incorporan esta tecnología a sus operaciones, la presión se extiende sobre toda la cadena que hace posible su funcionamiento, generando cuellos de botella que podrían marcar el ritmo de adopción de la IA en la economía global.

Para Denny Fish, Portfolio Manager y Research Analyst de Janus Henderson Investors, esa diferencia entre la velocidad de la demanda y la capacidad de respuesta de la oferta podría convertirse en el principal factor que defina la evolución del sector tecnológico durante los próximos años.

Tras una primera etapa dominada por las unidades de procesamiento gráfico (GPU) y otra enfocada en la inferencia, el siguiente capítulo de la IA ya no gira alrededor de un solo componente. Ahora la presión recae sobre prácticamente toda la cadena de suministro: procesadores, memoria, sistemas ópticos, centros de datos, electricidad y mano de obra especializada.

"Estamos presenciando un crecimiento exponencial de la demanda de aplicaciones de IA —y, por ende, de componentes que la habilitan—. Sin embargo, la oferta no se mueve con la misma rapidez: es necesario obtener los permisos y construir centros de datos, producir insumos críticos y contratar mano de obra para construir estas instalaciones y electricidad para alimentarlas", afirmó Fish.

El especialista considera que esta combinación de restricciones actuará como un regulador natural del mercado. Aunque la inversión en infraestructura continúa aumentando, ampliar la capacidad requiere procesos que toman años, lo que dificulta responder con rapidez al crecimiento de la demanda.

En ese contexto, Janus Henderson Investors estima que la oferta permanecerá por debajo de la demanda al menos hasta 2028 y, para varios componentes esenciales del ecosistema de IA, esa presión podría extenderse incluso más allá.

Este escenario también modifica la forma en que el mercado observa a las empresas dedicadas a fabricar la infraestructura tecnológica. En sectores como el de los semiconductores, históricamente expuestos a fuertes ciclos de expansión y exceso de inventarios, las carteras de pedidos de largo plazo ofrecen hoy una visibilidad poco habitual sobre los ingresos futuros.

"La consolidación del sector, junto con una cartera de pedidos inflada, ha permitido a los inversores valorar el sector sin la inquietud de que la industria pueda estar preparándose para otro exceso de inventario que perjudique las ganancias", sostuvo.

La magnitud de las inversiones necesarias ha generado dudas entre parte del mercado. Sin embargo, Fish sostiene que el volumen de gasto responde al momento que atraviesa la industria y no a un entusiasmo pasajero. A medida que más empresas integren la IA en sus operaciones y la tecnología se extienda a gran escala en la economía global, considera que la necesidad de infraestructura continuará creciendo.

El analista descarta que el mercado se encuentre, por ahora, en una fase de burbuja similar a otros ciclos tecnológicos. Aunque reconoce que el entusiasmo puede atraer proyectos oportunistas con el tiempo, sostiene que las compañías que actualmente lideran el desarrollo de IA han presentado fundamentos suficientes para respaldar sus inversiones.

Según comenta, una verdadera señal de alarma aparecería cuando proyectos sin modelos de negocio sólidos alcancen valoraciones desproporcionadas. Mientras ese momento no llegue, la mayor limitación para el crecimiento de la inteligencia artificial no sería la falta de interés o de capital, sino la capacidad física para construir todo lo que esa revolución tecnológica necesita.




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