
Foto: Sergio F Cara (NotiPress/Composición)
El cerebro parece aprender que alguien deja de ser un extraño mediante un circuito que reduce la señal de novedad y fortalece otra asociada con la familiaridad. Una pequeña región del hipocampo conocida como fasciola cinereum (FC), cuya función había permanecido poco clara, aparece como una pieza relevante en el proceso por el cual el cerebro pasa de reconocer a un individuo como extraño a tratarlo como familiar.
Un artículo de Zheyi Ni y Hailan Hu publicado en la revista Vita el 22 de septiembre de 2026 un estudio con ratones que identificó esta transformación a lo largo de la vía que conecta el núcleo supramamilar del hipotálamo (SuM) con la FC.
Los registros neuronales mostraron una dinámica opuesta entre ambas regiones. La señal que viaja del SuM hacia la FC fue intensa durante el primer encuentro con un ratón desconocido, pero disminuyó conforme se repitieron las interacciones. En la FC ocurrió el patrón contrario: la actividad aumentó conforme el mismo individuo se volvió familiar.
En ambas regiones, el estudio refiere que se observó una dinámica opuesta. Los autores chinos describen esta inversión funcional como una especie de compuerta neuronal en la cual entra una señal de "novedad" y emerge otra relacionada con "familiaridad". Sin embargo, el mecanismo exacto mediante el cual el circuito invierte esa señal todavía no está resuelto.
Al silenciar las terminales SuM–FC durante los primeros encuentros —refirió el estudio con acceso para NotiPress— los ratones no mostraron la disminución habitual de interés hacia el mismo individuo. Sin embargo, hacerlo durante una prueba posterior no les impidió distinguir entre un animal conocido y uno nuevo. Esta diferencia sugiere funciones distintas del circuito durante la formación y la expresión posterior de la memoria social.
La intervención sobre las neuronas de la FC que reciben señales del SuM produjo un efecto más amplio: afectó tanto el desarrollo de la familiaridad como su expresión posterior. Manipulaciones comparables no alteraron el reconocimiento de objetos ni la memoria de miedo contextual, lo que apunta a una participación relativamente selectiva del circuito en la memoria social.
Humanamente, si bien el artículo no lo aborda, podría interpretarse como si el cerebro tuviera un sistema de registro de visitantes. Al principio alguien desconocido demanda más atención porque representa novedad; con encuentros repetidos, esa novedad disminuye y el cerebro empieza a tratar a esa persona como alguien conocido.
Cambios celulares
Con los encuentros repetidos también aparecieron cambios celulares. Las neuronas de la FC se volvieron más excitables y las conexiones excitatorias entre SuM y FC se fortalecieron. Los investigadores manipularon después esas sinapsis mediante técnicas optogenéticas para evaluar si esa plasticidad contribuía a conservar la familiaridad.
Debilitar experimentalmente las conexiones SuM–FC después de que la familiaridad ya se había establecido hizo que los ratones volvieran a mostrar interés por un individuo conocido, como si se tratara nuevamente de un extraño. En sentido contrario, fortalecer esas mismas conexiones ayudó a convertir un encuentro breve en una familiaridad recordada.
Además, la FC mantiene conexiones recíprocas con CA2, una zona del hipocampo vinculada con el procesamiento de la memoria social. Al suprimir neuronas de la FC que reciben información del SuM, disminuyó la actividad de CA2. Este resultado sugiere que la información sobre familiaridad podría transmitirse entre distintas zonas del hipocampo e integrarse en una red más amplia de memoria social.
Así, reconocer a alguien como familiar parece implicar algo más que recordar un encuentro previo. La dinámica repetitiva modifica la respuesta de un circuito cerebral hasta que ese individuo deja de procesarse como una novedad. El estudio identifica parte de ese mecanismo en ratones, aunque todavía no concluye cómo el circuito diferencia específicamente a unos individuos de otros.
DESCARGA LA NOTA SÍGUENOS EN GOOGLE NEWS