
Foto: Axel Olivares (Composición/NotiPress)
Las redes sociales se han convertido en una fuente cotidiana de información sobre salud, pero también en un espacio donde circulan recomendaciones sin respaldo, tratamientos de moda y promesas de resultados rápidos. Para el Dr. Joshua Septimus, médico de atención primaria del Hospital Houston Methodist, el desafío ya no es solo que exista información errónea, sino que esta llega a millones de personas antes de que puedan conversar con un profesional.
"No se pueden usar ejemplos aislados de éxito para demostrar que un producto es seguro o que realmente funciona", advirtió Septimus durante el podcast On Health.
Estudios recientes del Health Information National Trends Survey indican que 1 de cada 5 adultos permite que el contenido en redes sociales influya en sus decisiones médicas, sustituyendo o complementando la atención profesional.
Además, según datos de la National Institutes of Health, entre el 30.7% y el 55.6% de quienes buscan síntomas en la web experimentan la llamada cibercondría, un problema de ansiedad causado por buscar síntomas y enfermedades en internet y creerse un diagnóstico malo, lo que fomenta la automedicación o evita la consulta médica tradicional.
Las historias virales no son evidencia
Algo que se debe tener en cuenta es que buena parte del contenido sobre bienestar que gana popularidad en internet gira en torno a experiencias personales. Influencers muestran transformaciones físicas, recomiendan suplementos o aseguran haber encontrado la fórmula para adelgazar, rejuvenecer o ganar músculo. Sin embargo, el médico explicó que esos testimonios no permiten saber si un producto es eficaz, seguro o apropiado para otras personas.
El problema se agrava porque las plataformas premian el contenido llamativo. Una historia de éxito resulta mucho más atractiva que una explicación sobre ensayos clínicos, revisión científica o niveles de evidencia, lo que facilita que afirmaciones poco fundamentadas se difundan con rapidez.
Desconfiar de las soluciones fáciles
Entre las tendencias que más preocupan al especialista figuran algunos péptidos promocionados para combatir el envejecimiento, aumentar la masa muscular o modificar la apariencia física, muchos de ellos sin aprobación regulatoria.
Además del riesgo inherente a esos productos, existe otro problema: cada vez es más sencillo adquirirlos por internet a través del "mercado gris" o incluso del mercado negro, donde el consumidor no tiene forma de confirmar qué contiene realmente lo que compra.
"Cuando compras estos compuestos en internet, realmente no tienes idea de lo que estás recibiendo", señaló Septimus.
Cómo verificar un consejo antes de seguirlo
Septimus deja claro que no toda la información en redes sociales es falsa y que sí existen profesionales confiables que divulgan contenido útil. Sin embargo, recomienda hacer una pausa antes de actuar sobre cualquier recomendación encontrada en redes sociales. La primera pregunta debería ser: ¿quién emite esa afirmación y si cuenta con formación médica o experiencia para interpretar la evidencia científica?
También aconseja buscar profesionales de la salud que compartan información basada en literatura médica y recurrir a contenidos elaborados por instituciones y especialistas reconocidos, en lugar de confiar únicamente en publicaciones virales o recomendaciones de personas populares.
La inteligencia artificial puede ayudar, pero no decidir
Septimus considera que las herramientas de inteligencia artificial pueden convertirse en un apoyo útil para investigar dudas de salud, siempre que se comprendan sus limitaciones.
"La IA es una herramienta increíble, pero como cualquier herramienta puede usarse de forma incorrecta", afirmó.
En su opinión, estas plataformas pueden servir para formular mejores preguntas, revisar información y contrastar afirmaciones, pero nunca deberían reemplazar el juicio clínico ni convertirse en el único fundamento para tomar decisiones sobre un tratamiento.
El médico sigue siendo el mejor filtro
Aunque reconoce que internet ofrece acceso a una cantidad de información impensable hace apenas una generación, Septimus sostiene que interpretar correctamente esos datos sigue siendo una tarea compleja. Por eso recomienda construir una relación de confianza con un médico de atención primaria y llevar a la consulta cualquier duda surgida tras leer contenido en redes o utilizar herramientas de IA.
Más que aceptar o rechazar automáticamente una recomendación viral, propone convertirla en el punto de partida de una conversación. En un entorno donde cualquiera puede publicar consejos sobre salud, contar con un profesional que conozca los antecedentes, los factores de riesgo y el contexto de cada paciente sigue siendo, a su juicio, la mejor herramienta para distinguir entre información útil y una tendencia que podría poner en riesgo la salud.
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