Educación y mala salud durante adolescencia son factores de riesgo para la demencia

 31-07-2020
Jorge Cerino
   
Foto: Pexels

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De acuerdo con un nuevo estudio publicado el 30 de julio en la revista The Lancet, la falta de educación y la mala salud durante la adolescencia y hasta antes de los treinta años tienen impacto en el riesgo de padecer demencia al llegar a la tercera edad. Investigadores identificaron tres nuevos factores de riesgo, lo que da un total de doce factores, los cuales, de modificarse, pueden prevenir hasta un 40% de casos futuros de demencia.

La lista actualizada de la investigación incluye fumar, exceso de alcohol, presión alta, obesidad, diabetes; así como heridas en la cabeza, depresión y pérdida auditiva; la exposición a la contaminación atmosférica, la falta de ejercicio, la educación y el contacto social.

Según el estudio, los tres nuevos factores identificados repercuten de la siguiente manera: 3% de los casos de demencia están asociados a lesiones en la cabeza durante la juventud, 1% al consumo excesivo de alcohol -más de 21 unidades a la semana. durante la juventud, y 2% a la contaminación atmosférica en la edad adulta.

El resto de factores se asocian al 34% de casos de demencia. Un nivel menor de educación durante la infancia (7%), la pérdida auditiva en la juventud (8%) y fumar durante la edad adulta (5%) son los factores mayormente asociados con una mayor proporción de casos de demencia, afirma este estudio que se dio a conocer en la conferencia internacional 2020 de la Asociación de Alzheimer, a finales de julio.

Los autores del estudio llamaron no sólo a individuos, sino también a los responsables de las políticas públicas en los países a prevenir la demencia atendiendo los factores de riesgo a través de nueve recomendaciones:

  • Mantener la presión arterial sistólica de 130 mm Hg o menos a partir de los 40 años.
  • Proteger los oídos de altos niveles de ruido y usar audífonos para la pérdida auditiva, de ser necesario.
  • Reducir la exposición a la contaminación del aire y al humo de tabaco.
  • Prevenir lesiones en la cabeza, con enfoque particular en ocupaciones de alto riesgo y transporte.
  • Evitar el abuso de alcohol y dejar de fumar.
  • Proporcionar educación primaria y secundaria a todos los niños;
  • Llevar una vida activa durante la edad adulta y, de ser posible, en la tercera edad.
  • Reducir la obesidad y la diabetes.

Estas recomendaciones son de especial importancia en los países de ingresos bajos y medios, donde las tasas de demencia van en aumento con una proporción mayor a la de países con ingresos altos. Esto es resultado de un aumento en la esperanza de vida, pero con la persistencia de factores de riesgo que aumentan la probabilidad de padecer demencia: tasas de educación más bajas, y niveles preocupantes de hipertensión, obesidad y diabetes.

Si bien algunos de estos factores se relacionan con el estilo de vida, los autores resaltan que prevenir la demencia también está en manos de los gobiernos, con la oportunidad de hacer gran diferencia a través de la intervención en grupos de ingreso medio y bajo, así como en poblaciones negras y de otras minorías étnicas, caracterizados por padecer un número más alto de estos factores de riesgo debido a condiciones de desigualdad.




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