Ciiudad de México,
Judith Moreno
Crédito foto: Sergio F Cara (NotiPress/Composición)
El protozoo Toxoplasma gondii infecta aproximadamente a un tercio de la población mundial, estableciéndose en el cerebro de los hospedadores. Su ciclo de vida involucra a los felinos como hospedadores definitivos, quienes liberan ooquistes del parásito a través de sus heces, contaminando el suelo, el agua y los alimentos. Esta vía de transmisión convierte a las cajas de arena de los gatos en una fuente potencial de infección, especialmente para individuos con sistemas inmunológicos debilitados.
Diversos estudios explotaron la relación entre la infección por Toxoplasma gondii y trastornos neurológicos en humanos. Un metaanálisis realizado por el Centro de Investigación de Salud Mental de Queensland, Australia, analizó 17 estudios de 11 países a lo largo de 44 años, encontrando que las personas que convivieron con gatos durante la infancia tenían un riesgo 2,24 veces mayor de desarrollar esquizofrenia en comparación con aquellas que no lo hicieron.
En Alemania, un estudio multicéntrico titulado "Estudio multicéntrico alemán sobre Toxoplasma gondii en el primer episodio de esquizofrenia" investigó a 173 pacientes con un primer episodio de esquizofrenia y 173 controles emparejados, buscando determinar la asociación entre la infección por T. gondii y la esquizofrenia. Además, una revisión narrativa publicada en la revista Universitas Médica de Colombia analizó la posible asociación entre la infección por T. gondii y la esquizofrenia, resaltando la necesidad de más investigaciones para comprender esta relación.
Todavía no se comprende completamente el mecanismo mediante el cual Toxoplasma gondii influye en trastornos neurológicos. Diversos estudios sugieren que este parásito altera la producción de neurotransmisores, como la dopamina, lo que impacta el comportamiento y el funcionamiento cerebral.
Dado el potencial impacto de la toxoplasmosis en la salud mental, es esencial adoptar medidas preventivas, especialmente para mujeres embarazadas y personas inmunodeprimidas. Estas incluyen evitar el contacto directo con las heces de los gatos, mantener una higiene rigurosa al manipular cajas de arena y cocinar adecuadamente la carne para eliminar posibles quistes del parásito.