Fatiga, dolor muscular y otras señales que pueden advertir falta de vitamina D

 19-10-2026
Patricia Manero
   
Foto: Unsplash

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La fatiga, la debilidad muscular, el dolor de huesos y la depresión se encuentran entre las principales señales que pueden advertir una deficiencia de vitamina D. Sin embargo, estas manifestaciones no siempre aparecen de inmediato y, en algunos adultos, pueden pasar inadvertidas hasta que la deficiencia alcanza niveles graves, explicó Donald Brown, médico de atención primaria del Hospital Houston Methodist.

La vitamina D desempeña funciones esenciales para mantener huesos y dientes fuertes, favorecer el funcionamiento muscular, facilitar la comunicación entre el cerebro y el resto del organismo y contribuir a combatir infecciones. Cuando sus niveles son insuficientes, distintas funciones del cuerpo pueden verse afectadas.

Entre los cuatro síntomas principales identificados por el especialista se encuentran la fatiga, la debilidad, el dolor o los calambres musculares, las molestias en huesos y articulaciones y la depresión. Estas señales pueden orientar una evaluación médica, aunque por sí solas no permiten confirmar una deficiencia.

Brown señaló que los efectos de los niveles bajos de vitamina D pueden prolongarse y afectar la salud y el bienestar. Cuando la deficiencia no recibe tratamiento, puede provocar osteoporosis en adultos y raquitismo en niños, además de resultados adversos durante el embarazo.

También se han identificado posibles relaciones entre la deficiencia de vitamina D y enfermedades cardiacas, diabetes y cáncer. No obstante, todavía se necesitan más investigaciones para comprender esas asociaciones.

La aparición de niveles bajos puede responder a diferentes factores. Con la edad disminuye la capacidad de la piel para producir vitamina D, mientras que una menor exposición solar, una alimentación insuficiente y determinadas enfermedades pueden dificultar su disponibilidad en el organismo.

Entre las condiciones relacionadas con este problema figuran la enfermedad de Crohn, la enfermedad celíaca, la colitis ulcerosa, la obesidad y las enfermedades crónicas del hígado o los riñones. Algunos medicamentos y procedimientos, como la cirugía de bypass gástrico, también pueden influir.

Ante la presencia de síntomas compatibles, el especialista recomienda acudir al médico para realizar un análisis de sangre que permita evaluar los niveles de vitamina D y determinar si es necesario intervenir.

La deficiencia puede tratarse mediante cambios en la alimentación o suplementos de vitamina D, según las necesidades individuales y los resultados de laboratorio. Entre las fuentes alimentarias se encuentran pescados como el salmón, la trucha y el atún, además de productos fortificados.

Sin embargo, aumentar la exposición solar para corregir la deficiencia puede elevar el riesgo de cáncer de piel. Asimismo, consumir suplementos en dosis excesivas puede provocar náuseas, estreñimiento, sed intensa, aumento de la frecuencia urinaria y alteraciones neurológicas como confusión o dificultad para hablar.

Por ello, la recuperación de los niveles adecuados de vitamina D requiere una evaluación individual y seguimiento médico. El objetivo del tratamiento es normalizar sus concentraciones y mantenerlas estables, evitando tanto las consecuencias de la deficiencia como los riesgos de un consumo excesivo.


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