Ciudad de México,
Francisco Vicario
Crédito foto: Sergio F Cara (NotiPress)
La presidenta Claudia Sheinbaum colocó la soberanía nacional en el centro de su discurso de cierre de la gira de rendición de cuentas y sostuvo que ninguna potencia extranjera tiene derecho a determinar el rumbo de México. El pronunciamiento ocurrió después de varias semanas marcadas por señalamientos del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre seguridad, cárteles y acciones que, desde Washington, consideran necesarias dentro del territorio mexicano.
Durante el acto realizado este 27 de septiembre de 2026 en el Zócalo de la Ciudad de México, Sheinbaum no mencionó directamente a Trump ni presentó sus palabras como una respuesta al mandatario estadounidense. Su planteamiento fue presentado como una reflexión histórica por el aniversario de la Consumación de la Independencia, desde la cual vinculó independencia, soberanía, libertad, justicia social y democracia con el proyecto de su gobierno.
Al explicar el concepto de soberanía, la mandataria recurrió a la tradición política asociada con José María Morelos y sostuvo que esta implica que únicamente la población mexicana puede decidir el rumbo del país.
"Soberanía quiere decir, en palabras de Morelos y de nuestra Constitución, que sólo el pueblo determina el destino de México".Sheinbaum agregó que desde esa concepción "ninguna potencia extranjera, ninguna élite económica o política tiene el derecho de dictar el presente y el futuro de nuestra patria" y afirmó que esa facultad pertenece únicamente al pueblo mexicano.
Asimismo, extendió ese argumento hacia la relación de México con actores externos. "Las y los mexicanos no queremos injerencias, ni intervencionismo, ni violación a nuestra territorialidad", expresó antes de reivindicar a México como un país "independiente y soberano".
El 16 de septiembre, Trump pidió a México incrementar las acciones contra funcionarios públicos que presuntamente colaboran con organizaciones criminales. En su determinación anual sobre países de tránsito o producción de drogas, reclamó "exponer, detener y procesar" a funcionarios señalados de ayudar a los cárteles y cuestionó los recursos destinados a seguridad.
Dos días después, el tono bilateral mostró otra faceta. Sheinbaum confirmó una llamada con Trump sobre las negociaciones comerciales entre ambos países y la calificó como "muy buena". La presidenta aseguró entonces que avanzaba la posibilidad de alcanzar un acuerdo entre México y Estados Unidos.
La tensión volvió a colocarse en primer plano durante la Asamblea General de Naciones Unidas del 22 de septiembre. Trump describió a México como "el epicentro de la violencia de los cárteles" y afirmó que el país debía "recuperar el control de su suelo". Al mismo tiempo, aseguró mantener una "muy buena relación" con el gobierno mexicano y reconoció avances en la cooperación bilateral.
Un día después, Sheinbaum respondió directamente a esos señalamientos. Planteó como contrapunto el nivel de consumo de drogas ilícitas y la producción de armas en Estados Unidos, aunque evitó convertir la discusión en una confrontación y destacó nuevamente la relación con Trump y el trabajo coordinado entre ambos gobiernos.
Así, el discurso del 27 de septiembre no retomó aquella discusión de manera explícita. Sin embargo, Sheinbaum volvió a desarrollar el principio que su administración ha colocado como límite de la cooperación bilateral: la actuación de otros países no debe traducirse en intervención sobre territorio mexicano.
Dentro de esa argumentación, la titular del Ejecutivo también destacó modificaciones constitucionales de su administración. Defendió que el artículo 40 incorpora un párrafo contra intentos de injerencia extranjera y afirmó que las reformas aprobadas durante sus primeros dos años fortalecieron la independencia y soberanía del país.
Al cerrar su balance de gobierno, Sheinbaum vinculó nuevamente la rendición de cuentas con esa concepción política. "El pueblo es el único dueño de la soberanía nacional", afirmó ante los asistentes al Zócalo. La mandataria concluyó el acto con una serie de consignas en las que colocó primero la soberanía nacional, seguida de la justicia social, la libertad y la democracia.