Ciudad de México,
Sergio F Cara
Crédito foto: Sergio F Cara (NotiPress)
La llegada de agentes de inteligencia artificial capaces de realizar operaciones financieras en nombre de una persona plantea un nuevo desafío para bancos y fintechs: comprobar la identidad del cliente podría dejar de ser suficiente y dar paso a la necesidad de verificar también qué acciones autorizó a ejecutar.
Durante un panel en el que participaron Incode, Klar y Grupo Coppel durante Finnosummit 2026, el debate abordó cómo la incorporación de estos agentes puede modificar los procesos de identidad, consentimiento y prevención del fraude. La conversación reunió a Íñigo Castillo, Managing Director Latam de Incode; Stefan Möller, CEO de Klar, y Estephany Ley, Head of Consumer Financial Services & Retail Banking de Grupo Coppel.
Hasta ahora, una operación puede requerir comprobar que quien intenta realizarla corresponde efectivamente al titular. Sin embargo, un agente autorizado para comprar o efectuar otras acciones introduce una capa adicional: la institución necesita determinar qué facultades recibió y cuáles son sus límites.
Ley explicó el cambio mediante una distinción entre autenticar una transacción particular y autenticar un mandato. Una persona podría permitir a su agente efectuar compras dentro de determinados parámetros, por lo que la revisión ya no se concentraría únicamente en una operación específica, sino también en el marco de autorización bajo el cual actúa el sistema.
Esta transformación abre preguntas que las instituciones comienzan a plantearse mientras actualizan sus sistemas. Entre ellas está cómo establecer límites para la actuación de un agente y cómo verificar que una operación se encuentre efectivamente dentro de las facultades concedidas por el usuario.
Por tanto, el problema se suma a una evolución más amplia de la identidad digital. Castillo planteó que esta ya no depende de una única comprobación, sino de una combinación de señales utilizadas para determinar quién está detrás de una interacción. Con agentes de IA actuando por una persona, ese esquema tendría que incorporar procesos capaces de reconocer esa intermediación sin convertir cada operación en una experiencia excesivamente compleja.
A la vez, el avance tecnológico también incrementa el desafío del fraude. Desde Incode, Castillo señaló que las mismas herramientas que permiten mejorar procesos de identificación están disponibles para grupos organizados que buscan vulnerarlos. Por ello, mantener mecanismos de seguridad sin introducir fricciones innecesarias se vuelve parte del problema.
Ese equilibrio también apareció desde la perspectiva de Coppel. Ley cuestionó que el objetivo deba ser eliminar toda fricción y propuso pensar en "fricciones más inteligentes". Una operación cotidiana puede requerir controles distintos a una transferencia de alto monto realizada en condiciones inusuales, donde una verificación adicional puede cumplir una función de seguridad.
Con los agentes de IA, esa lógica adquiere otra dimensión: la pregunta deja de limitarse a quién ordenó una operación y alcanza también qué autorizó previamente. Para bancos y fintechs, comprobar ese mandato será parte del desafío de permitir que sistemas automatizados actúen por sus clientes sin perder los controles sobre identidad, consentimiento y seguridad.