Ciudad de Buenos Aires,
Martín Olivera
Crédito foto: Universidad de Chile
Un inusual aumento en la actividad de dos volcanes ubicados en territorio chileno generó una alerta preventiva en el norte de la Patagonia argentina. Las anomalías térmicas y sísmicas detectadas en los volcanes Villarrica y Lascar impulsaron el refuerzo de los protocolos de vigilancia y cooperación entre los organismos de gestión de riesgo de ambos países.
Durante febrero de 2026, el volcán Villarrica, situado en el sur de Chile y considerado uno de los más activos de Sudamérica, mostró señales de mayor actividad interna. El Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin) activó un operativo de evaluación luego de identificar anomalías térmicas mediante monitoreos satelitales. En ese marco, un sobrevuelo técnico confirmó que el lago de lava volvió a hacerse visible en el cráter, con niveles superiores a los registrados en meses anteriores.
Este tipo de actividad es característica de volcanes de "conducto abierto", donde el magma puede encontrarse expuesto de forma periódica. El Villarrica se encuentra a unos 138 kilómetros de Villa La Angostura, próximo al paso fronterizo Mamuil Malal, lo que motiva una vigilancia constante desde las autoridades del sur argentino.
Una eventual erupción podría implicar riesgos como la caída de ceniza volcánica, el arrastre de materiales por cauces fluviales y la formación de lahares, flujos de barro causados por el derretimiento de nieve o hielo en la cima. Aunque el volcán se halla en suelo chileno, una erupción de magnitud podría afectar indirectamente a zonas del norte patagónico.
En simultáneo, el volcán Lascar, localizado en la región chilena de Antofagasta, también presentó signos de incremento en su actividad interna. Este estratovolcán se encuentra entre 170 y 300 kilómetros de localidades argentinas como San Antonio de los Cobres, Susques, Salta y San Salvador de Jujuy. El 27 de febrero, un reporte técnico indicó el inicio de un enjambre sísmico que se extendió hasta el 2 de marzo. Los registros incluyeron sismos volcano-tectónicos, eventos de Largo Periodo y Tremor, asociados al movimiento de fluidos y fractura de roca.
También se identificó un evento sísmico híbrido y una columna de desgasificación que superó los 1.000 metros de altura. Imágenes satelitales detectaron además anomalías térmicas y emisiones de dióxido de azufre (SO₂), junto con la presencia de material inestable en el cráter.
En este contexto, el Servicio Geológico Minero Argentino (SEGEMAR) informó: "Estos cambios no indican una erupción inminente, sino un aumento en ciertos parámetros de monitoreo, que indican que el volcán se encuentra por sobre su nivel de base."
Según el organismo, el escenario actual no representa una amenaza directa para el territorio argentino, aunque se mantienen las tareas de vigilancia en cooperación con el Observatorio Vulcanológico de los Andes del Sur (OVDAS), la Agencia Federal de Emergencias (AFE) y el Observatorio Argentino de Vigilancia Volcánica (OAVV), en el contexto del Sistema Nacional para la Gestión Integral del Riesgo (SINAGIR).