Ciudad de Buenos Aires,
Martín Olivera
Crédito foto: Martin Olivera (Composición/NotiPress)
El saldo primario mantuvo signo positivo, aunque 35% provino de recursos y registros extraordinarios que modifican la lectura fiscal. Ese peso obliga a separar el equilibrio operativo de ingresos temporales, pagos diferidos y tratamientos contables de deuda.
De enero a marzo de 2026, el superávit primario argentino llegó a 0,5% del Producto Interno Bruto (PIB). Cálculos de Marcelo Capello y Gaspar Reyna, investigadores fiscales del Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (Ieral), atribuyeron 0,17 puntos del PIB a factores excepcionales.
El informe también ubicó el resultado financiero en 0,16% del PIB durante el mismo período. Si se descuentan esos componentes, el saldo primario seguiría positivo, pero el margen fiscal sería más estrecho.
La mayor incidencia provino de la deuda flotante, compuesta por obligaciones del Tesoro devengadas pero no canceladas. Cuando el gasto se registra en "base caja", una demora en pagos puede elevar el superávit medido oficialmente.
Capello y Reyna señalaron que esa deuda creció entre enero y marzo en $1,5 billones, poco más de 1.000 millones de dólares estadounidenses. El aumento resultó menor al observado en años previos, aunque incidió en la medición trimestral.
Otro factor fue el menor ritmo de devoluciones y reintegros del Impuesto al Valor Agregado (IVA) a exportadores. Al postergar esos pagos, la recaudación neta de IVA sube y mejora el saldo fiscal en el corto plazo.
Rentas de inversión, privatizaciones y capitalización de intereses completaron el conjunto de factores no recurrentes. La venta de presas hidroeléctricas del Comahue elevó los ingresos de capital, una partida extraordinaria por definición.
También incidieron los intereses capitalizados y la deuda ajustada por Coeficiente de Estabilización de Referencia (CER). Esas obligaciones se registran como servicios de capital, fuera del resultado primario, pero no desaparecen del endeudamiento público. Con esos movimientos, el saldo financiero resulta menos holgado que el saldo primario observado.
El efecto inmediato es favorable para la estabilidad fiscal, porque el resultado primario continuó en positivo incluso al excluir esos aportes. Sin embargo, la calidad del superávit depende de cuánto provenga de ingresos permanentes y gastos efectivamente pagados.
Los factores extraordinarios no son negativos por sí mismos, aunque tienen menor capacidad para sostener cuentas equilibradas en el tiempo. Las privatizaciones generan ingresos una sola vez, mientras los pagos demorados trasladan obligaciones hacia meses posteriores.
Para un país con acceso limitado al crédito, mantener superávit primario puede reducir necesidades de financiamiento y ordenar expectativas. El riesgo aparece cuando el resultado depende demasiado de recursos temporales, porque la disciplina fiscal exige continuidad.
En esa lectura, el dato central no invalida el superávit, pero obliga a observar su composición. El propio estudio indicó que el tema "por ahora no resulta en un riesgo excesivo", aunque requiere seguimiento en los próximos meses.