Ciudad de Buenos Aires,
Martín Olivera
Crédito foto: Instagram: Darla Zelenitsk
Durante 68 millones de años, pequeñas piezas de cáscara permanecieron enterradas en el extremo austral de Sudamérica, guardando una historia inesperada sobre gigantes prehistóricos. Entre 2020 y 2024, investigadores recuperaron 255 fragmentos de huevos de titanosaurio en la Formación Chorrillo, ubicada en la provincia argentina de Santa Cruz.
El sitio está unos 322 kilómetros al norte del estrecho de Magallanes y corresponde al Cretácico tardío, cuando aquella región ocupaba latitudes muy elevadas. Hasta ahora, los paleontólogos conocían restos óseos de saurópodos en zonas australes, incluso en la Antártida, pero faltaban pruebas claras de reproducción allí.
Gracias a estos restos, se sabe que los titanosaurios también anidaban en regiones mucho más alejadas del ecuador de lo conocido. Hace unos 68 millones de años, el área se encontraba entre los 55 y 60 grados de latitud sur, con condiciones más frías que otros sitios reproductivos conocidos.
Las cáscaras identificadas como Fusioolithus presentaban una porosidad elevada, característica la cual aporta pistas sobre la manera en que los huevos permanecían protegidos. Los investigadores consideran probable que los titanosaurios construyeran montículos de tierra y vegetación, donde la materia orgánica en descomposición proporcionaba calor durante la incubación.
Ese sistema habría permitido conservar humedad y temperatura, dos condiciones esenciales para embriones desarrollados en un entorno menos cálido que las zonas tropicales. La estructura microscópica de las cáscaras respalda esa interpretación, porque los huevos cubiertos requieren más poros para intercambiar gases mediante el material circundante.
Darla Zelenitsky, paleontóloga de la Universidad de Calgary, explicó a CNN que los huevos expuestos habrían perdido agua hasta secarse, poniendo en riesgo a los embriones. El enorme tamaño de los adultos también descartaba una incubación semejante a la de muchas aves, porque sentarse sobre la puesta habría destruido los huevos.
Algunos titanosaurios alcanzaban cerca de 25 metros de longitud y hasta 75 toneladas, mientras sus huevos contenían aproximadamente cuatro litros de líquido. Las crías, en contraste, pesaban alrededor de cuatro kilogramos al nacer, una diferencia extrema frente a las dimensiones alcanzadas durante la vida adulta.
La importancia del hallazgo va más allá de identificar huevos antiguos, porque redefine lo conocido sobre el comportamiento reproductivo de estos dinosaurios gigantes. La presencia de huevos demuestra que podían completar una etapa decisiva de su ciclo vital en latitudes mucho más australes de lo documentado anteriormente.
Zelenitsky señaló que los restos permiten confirmar que estos animales también anidaban en regiones alejadas del ecuador. Esa evidencia abre la posibilidad de que permanecieran allí durante todo el año o completaran localmente su reproducción durante las épocas cálidas.
Antes del descubrimiento, una explicación posible era que estos gigantes visitaran las altas latitudes y después migraran hacia regiones más próximas al ecuador. Ahora, la evidencia indica que algunos podían reproducirse en ambientes considerados mucho menos favorables para la incubación.
Todavía no se conoce qué especie produjo las cáscaras, aunque en el mismo yacimiento aparecieron dientes asociados con colososaurios, grandes integrantes del grupo.