
Foto: Martin Olivera (Composición/NotiPress)
El aumento de hepatitis A volvió a encender la vigilancia sanitaria porque el virus está ganando terreno entre adultos no vacunados. En paralelo, la detección de hepatitis E en aguas residuales abrió otro frente de seguimiento por infecciones que muchas veces no muestran síntomas.
Argentina registró un aumento de diagnósticos confirmados de hepatitis A, de 2 casos en 2021 a 53 en 2025. Durante los primeros cuatro meses de 2026, el registro llegó a 34 contagios y anticipó un año con mayor presión sanitaria. El Boletín Epidemiológico Nacional incluyó en mayo de 2026 un informe sobre vigilancia ambiental de hepatitis A y E en aguas residuales del Área Metropolitana de Buenos Aires.
El aumento se concentra en mayores de 20 años, un grupo que no fue alcanzado por la vacunación obligatoria iniciada en 2005. Ese dato explica por qué el repunte no se distribuye igual entre menores y adultos jóvenes.
Por qué se produce la transmisión
Una infección puede originarse cuando restos microscópicos de materia fecal contaminan agua, alimentos, superficies o manos. La Organización Mundial de la Salud describe esta vía como fecal oral y la vincula con agua insegura o saneamiento deficiente. También puede transmitirse durante contactos sexuales con exposición oral anal, por lo cual la prevención combina higiene, agua segura, alimentos bien manipulados y vacunación.
En el caso de La hepatitis A, se inflama el hígado y puede causar fiebre, cansancio, náuseas, dolor abdominal, orina oscura e ictericia. La enfermedad no suele volverse crónica, pero algunos cuadros pueden evolucionar con mayor gravedad en personas vulnerables.
La hepatitis E comparte la transmisión por agua o alimentos contaminados y también puede circular sin síntomas visibles. La Organización Mundial de la Salud advierte que embarazadas, inmunosuprimidos y receptores de trasplantes pueden enfrentar complicaciones más severas.
Qué muestran las aguas residuales
El monitoreo cloacal importa porque una sola muestra puede reunir señales de muchas personas, incluso aquellas sin síntomas. En el Área Metropolitana de Buenos Aires, hepatitis A tuvo detección limitada y discontinua, con positividad entre 0% y 22%. La hepatitis E apareció en todas las plantas estudiadas, con valores entre 49% y 76%, pese a pocos casos clínicos confirmados.
Dicho contraste muestra cómo la vigilancia ambiental suma información a los registros médicos y anticipa circulación viral oculta. Los casos clínicos bajos no eliminan el riesgo porque las infecciones asintomáticas pueden sostener transmisión comunitaria. En hepatitis E, el genotipo 3 también puede transmitirse desde animales a personas, según la vigilancia sanitaria argentina.
La respuesta sanitaria se apoya en vacunación, vigilancia de aguas residuales, seguridad alimentaria, saneamiento y consulta médica temprana. La vacuna contra hepatitis A se aplica en una dosis al año de vida dentro del calendario argentino. En 2024, la cobertura nacional rondó el 82%, todavía por debajo de la meta cercana al 90%. Para reducir contagios, las autoridades recomiendan vacunación en grupos de riesgo, lavado de manos, agua segura y cuidado sexual.
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